Córdoba, Veracruz

Aromas del trópico

Alfredo Ruiz Islas

A cinco horas de la Ciudad de México, sobre la carretera que conduce de la capital de la República al puerto de Veracruz, se encuentra la ciudad de Córdoba.

Fundada en 1618, la primera misión del flamante poblado fue servir como refugio a quienes realizaban la travesía entre el centro de la Nueva España y la costa del Golfo de México. A los viajeros que, en su viaje, eran amenazados por bandoleros que parecían surgir de la nada a lo largo del recorrido, o por los esclavos huidos de las haciendas y refugiados en enclaves denominados «palenques», imposibles de controlar incluso para las autoridades virreinales.

De manera conexa, además, se buscaba contar con una villa de españoles que posibilitara la explotación agrícola de la región inmediata a la sierra, cuya mezcla de climas la volvía atractiva para la siembra de productos tropicales, sobre todo la caña de azúcar.

Fue hasta la última etapa de la época virreinal cuando Córdoba adquirió su verdadera vocación, y hay buenas razones para pensar que todo ocurrió por obra de una afortunada casualidad.

En 1789, el mismo año del establecimiento de los Estados Generales en Francia, de la toma de la Bastilla y de la proclamación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, abría sus puertas, en la Ciudad de México, el primer café.

El café, que llegaba precedido de un halo de buen gusto, de refinamiento y de un cierto cosmopolitismo, pero también del espíritu de la revolución que tomaba forma en tierras galas.

A nadie escapaba que eso que comenzaba a pelearse en las calles de París, y que poco a poco orillaría a la monarquía francesa a su desaparición, se había fraguado, en buena medida, en los cafés.

El café, entonces, no solo era el sitio en el que se ingería la bebida arrancada a los turcos después de ser debidamente cristianizada por Clemente VII en el siglo XVI: era, asimismo, el sitio en el que se reunía la gente a pensar. A generar ideas. A construir el incipiente espacio público.

El café fundado en la Ciudad de México en 1789 —el Café de Manrique— tuvo algún éxito. Tanto como para llevar a que, en el transcurso de los siguientes meses, se introdujeran en el virreinato novohispano las primeras matas de café.

Al ser Veracruz la puerta de entrada a la Nueva España, resultó del todo natural que se buscara, en algunas de las regiones que conformaban a la entonces intendencia, el mejor sitio para sembrarlas.

Entre los primeros sitios elegidos para tal tarea se encontró, como era de esperarse, la zona de Córdoba, cuyas características —calor, altitud, lluvias— permitían adivinar a los plantadores la posibilidad de obtener, no solo buenas cosechas, sino cosechas de un producto de buena calidad.

Sería fácil hablar del camino ascendente seguido por el cultivo de café desde los albores del siglo XIX hasta nuestros días. Del modo en el que, paulatinamente, las personas se acostumbraron al gusto de la bebida. De cómo esta comenzó a ganarle terreno al chocolate, la bebida por excelencia durante los trescientos años de existencia de la Nueva España y que, en el primer siglo de vida del México independiente, dominaría la mesa de los sectores medios y altos de la sociedad mexicana.

Sería fácil. Sin embargo, no sería exacto. El consumo del café, aunque importante, fue durante mucho tiempo marginal. Las constantes rebeliones desarticulaban los mercados, destruían los cultivos, arrasaban la maquinaria.

La tecnificación del cultivo de café, ocurrida a finales del siglo XIX, le dio a la industria el impulso que necesitaba, pero no la preparó para la saturación del mercado ocurrida en la década de 1930 ni para el subsiguiente derrumbe del mercado.

Solo hasta la mitad del siglo XX pudieron los cafeticultores sortear sus dificultades gracias a la venta de los excedentes a las fábricas de café soluble y la entrada en el mercado de los Estados Unidos por vía de las cuotas de importación.

Una inteligente campaña de promoción del consumo del café —que, en la actualidad, da forma a la llamada «tercera ola del café»— redondeó el proceso, lo que, en el caso de Córdoba, se vio aderezada por el otorgamiento de la denominación de origen «Café de Veracruz» en el año 2000.

Hablar de Córdoba, hoy en día, es hablar de café. El paseante camina por sus calles —algunas planas, otras ondulantes—, admira la arquitectura del lugar —la parroquia de la Inmaculada Concepción, del siglo XVII; el teatro Pedro Díaz, de finales del XIX; el palacio municipal, de principios del XX— y poco a poco, sin sentirlo, se interna en el ambiente de la tierra caliente.

Lo subyugan el calor y la humedad, pero también los aromas. La mixtura de aromas imposibles de describir, pero que de inmediato se asocian con el trópico. Aromas dulces, algunos, ácidos otros. En ocasiones, intensos; buena parte del tiempo, suaves.

Aromas a vegetación, a tierra húmeda, a frutos listos para ser recogidos. A flores que, pacientes, aguardan la llegada de las abejas o de cualquier insecto que lleve a cabo las labores reproductivas que ellas, por sí solas, son incapaces de realizar.

Aromas a caldos, a pucheros, a moles y a chiles.

Aromas a café.

El Portal de Zevallos es el sitio por excelencia para degustar un buen café mientras se deja al tiempo escapar entre las manos sin que haya la menor posibilidad de retenerlo.

En cualquiera de los restaurantes que ahí se encuentran es posible comer platos regionales, antojitos, carnes o pescados mientras se echa un vistazo al Parque 21 de Mayo. Lleva ese nombre en conmemoración del último combate librado en la región entre las tropas realistas y los ejércitos insurgentes. Preludio imprescindible para que, el 24 de agosto de 1821, en esos mismos portales se firmaran los Tratados de Córdoba entre Agustín de Iturbide y el último jefe político enviado por la Corona española, Juan de O’Donojú.

La comida, naturalmente, cierra con una buena taza de café —espresso o americano, el segundo siempre más popular que el primero— o con un lechero, el café típico del puerto de Veracruz y que, por extensión, se consume en buena parte del estado homónimo. Un café lechero que se disfruta desde antes de probar el primer sorbo, al mirar al mesero verter la cantidad solicitada de concentrado de café y después, ganando altura a medida que se llena el vaso, el albo chorro de leche caliente, indispensable para generar la espuma que constituye el distintivo de la bebida.

Córdoba huele a café. En sus calles, los expendios se multiplican. Las tiendas, de todos los tamaños, venden saquillos de un cuarto, medio o un kilo. Por acá y por allá se ofrecen tazas o jarras que indican su cordobés origen. Artesanías hechas con granos de café, libros que refieren la historia de los cultivos en la región o las mejores maneras de elaborar distintas preparaciones de café.

La vida en Córdoba gira alrededor del café. La gente entiende su relación con el café, sabe la importancia que la planta tiene para su vida diaria. Entiende de vaivenes del mercado, reniega de las grandes transnacionales e implora por el comercio justo y la compra directa al productor.

Pero, con todo, es optimista. El furor actual que experimenta el consumo del café les deja ver que hay futuro. Hay un mañana. Hay esperanza para seguir viviendo del cultivo, el tueste, la molienda y la venta de esos granos que, de manera inusitada, impensada, un poco al azar, llegaron hace más de doscientos años en busca de un buen sitio para ser sembrados. En busca de un sitio como Córdoba.

Córdoba de los festivales y encuentros culturales

Por Ismael Illescas Ramírez

Córdoba, naciste en las altas montañas del Estado veracruzano. México te otorgó la dicha de tener historia y tradición que con el paso de los años, sigues forjando con el movimiento de tu gente.

Córdoba, belleza de café con cálido dulce que deriva de la caña y ofrece sentires en los paladares que visitan tu arquitectura, tus calles, tus casas, los hogares donde se siente el cobijo de hermandad.

En tus entrañas hay industria, comercio, actividades de tradición perpetua capaces de hacerte crecer en todas las aristas de tu geografía.

Explorarte es palpar la riqueza humana y heroica de tus hijos cordobeses. Puerta abierta para soñar y crecer, para sentir y vivir, para ofrecer la sensación natural de permanecer en la grata memoria de tus visitantes.

Por ello, sus festivales y encuentros culturales son una expresión de los artistas de generar puntos de reunión y compartir un pedacito de su mundo.

 FESTIVAL ARTÍSTICO DE LA CAÑA

La caña de azúcar es una planta que se siembra y se cosecha en nuestra región. Existen ingenios azucareros en municipios cercanos, que hacen de esta actividad productiva, una de las más importantes. Muchas familias dependen de esta industria y por ende hay personas capacitadas para el estudio y preservación de la misma.

La Casa de la Cultura de Córdoba Jorge Cuesta desde el año 2005 organiza éste festival, donde expertos realizan ponencias sobre estos temas y a la vez, se abren convocatorias para cuento, poesía, pintura y fotografía donde el eje es la caña de azúcar y todo lo que engloba esta actividad.

ENCUENTRO DE SON JAROCHO, SON HUASTECO, FANDANGO, HUAPANGO Y TROVADA

El Son Jarocho, Son Huasteco, el Fandango y el Huapango son manifestaciones musicales muy tradicionales de todo el estado de Veracruz, así como de los estados cercanos. No solo incluye la música, también es baile, vestimentas, artesanías, literatura que fortalecen el género y se hereda a las nuevas generaciones.

En 14 años de realización el encuentro ha cobijado a artistas de otras partes de la República Mexicana. El esfuerzo de la Maestra Gloria Trujano y su grupo Los Soneros de Huilango, han hecho posible que año con año el evento se realice. En una semana el encuentro se convierte en una convivencia de hermandad entre los artistas y la gente, se abren talleres de composición, de ejecución de algún instrumento musical, hay conferencias. Es uno de los eventos más completos en la ciudad.

FESTIVAL DE TEATRO EMILIO CARBALLIDO

Emilio Carballido fue un escritor y dramaturgo extraordinario, originario de Córdoba. Es uno de los exponentes más importantes de la literatura y su obra teatral es la que más destaca. Falleció en el año 2008 y desde ese año se realiza, a manera de homenaje, el Festival Internacional de Teatro que lleva su nombre con sede en nuestra ciudad.

Hasta el 2019, fueron 11 años en que se han presentado compañías nacionales e internacionales de teatro, llenando las funciones durante la semana que dura el festival. El trabajo de Héctor Herrera como gestor del Festival, es primordial para lograr que las funciones sean abiertas y gratuitas para el pueblo, generando filas extensas para ingresar al Teatro Pedro Díaz y el Teatro del IMSS.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ

Nació de una inquietud de los jóvenes músicos en llevar éste género musical a los sitios públicos. Los mercados, las colonias, las canchas, la calle, fue su escenario para explorar la reacción de la gente y se dieron cuenta la gran aceptación al jazz.

Luís Calatayud, mejor conocido como Kalata, emprendió la iniciativa de realizar el Festival de Jazz en Córdoba a partir del año 2013. En sus seis ediciones músicos de otras partes de México y de otros países, han venido a la ciudad a compartir su música. Año con año crece el Festival.

ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES

Desde el año 2014 la Asociación Escritores del Golfo A.C. realiza el Encuentro Nacional de Escritores, evento donde se han dado cita formidables escritores de diversas partes del país y en rondas bien organizadas se realizan lecturas de los trabajos de cada autor.

El esfuerzo de la Maestra Sandra Gallardo es importante, porque logra reunir a varias voces literarias y durante el evento hay presentaciones de libros, charlas sobre literatura y convivencia con los asistentes. Es también un espacio para conocer propuestas de escritores emergentes, de abrir un espacio para promover la lectoescritura.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLOR

Se trata del festival que más atrae a la comunidad cordobesa porque es una fiesta de números musicales de las delegaciones nacionales e internacionales con sus vestimentas y baile en un desfile por las calles principales de la ciudad.

Se desarrolla desde hace cinco años gracias al esfuerzo del Grupo Vidanza y a la dirección y gestión de la Maestra Jessica Navarro, quien desde su experiencia como bailarina ha proyectado y cumplido el sueño de traer a la ciudad lo mejor que existe en el mundo del baile de folklor.

ENCUENTRO DE MÚSICA ANDINA PAUL GONZÁLEZ CORTÉS

Paul González Cortés fue un gran promotor de este género musical. Falleció en el 2017 y a finales de 2018 un grupo de entusiastas gestores crean GCI Veracruz Gestores Culturales Independientes, desarrollaron en su memoria, el Encuentro de Música Andina.

En 2019 se realizó el primer encuentro siendo de carácter regional y en el 2020 se realiza de manera virtual y con participación de grupos de otras partes de México y grupos y artistas internacionales. Este evento es el más joven de los mencionados y solo con constancia, apoyo, logrará posicionarse en el tiempo.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE DANZA

Este evento reúne a Academias de danza clásica internacional donde niños y jóvenes muestran sus años de preparación en las galas. El auditorio Dr. Manuel Suárez se llena por completo, siendo una de las manifestaciones artísticas más sublimes.

Su organizador principal es  Pro del Talento Veracruzano A.C. dirigido por Martha Sahagún quien forma a niñas, niños y jóvenes en la danza clásica. Han sido nueve ediciones del festival, iniciado en el 2004.

Todos estos eventos culturales se realizan en recintos públicos e históricos de la ciudad. El auditorio Dr. Manuel Suárez, el Teatro Pedro Díaz, la Casa de la Cultura de Córdoba Jorge Cuesta, el Centro Cultural Córdoba, el Teatro del IMSS, las canchas El Mexicano, el Centro Cultural Casa Baltazar, el Museo de Córdoba y por supuesto en la explanada del Parque 21 de Mayo en el centro histórico de la ciudad.

De este modo, los artistas cordobeses encuentran en dichos festivales, un puente entre una expresión artística cultural y la población. Muchas veces, los mismos ofician de gestores, tratando de negociar y convencer a las instituciones y administraciones gubernamentales para poder llevarlos a cabo. Los resultados siempre han sido satisfactorios por la participación de la gente y ojala Córdoba tenga continuidad con estos nobles proyectos que caracterizan la cultura local.

 

Córdoba la heróica

Por Karla Aideé Aguilar Sánchez

Córdoba Veracruz, fundada el 26 de Abril de 1618, es  conocida originalmente como Lomas de Huilango, o también como la Cuidad de los Treinta Caballeros, ya que fue fundada por 30 miembros de familia española.

Córdoba se caracteriza por su Centro Histórico, porque allí se encuentra el Parque 21 de mayo, el Palacio municipal, el Portal de Zevallos, el Portal de Independencia comúnmente llamado Portal de la gloria, la Catedral de la Inmaculada Concepción, la Biblioteca Pública Municipal Luis Sainz López Negrete y el Edificio Latino.

Otros recintos culturales con que cuenta esta ciudad son: el Museo del café, el teatro Pedro Díaz, Arena Córdoba, el Museo de Antropología, el Centro  cultural los portales, la Galería Emilio Nava, la Casa de la cultura “Jorge Cuesta”, el Museo de Palmillas, la ex hacienda de Tuxpan, la Galería de Arte Contemporáneo del ex convento de Santa Rosa de Lima entre otros.

Entre los monumentos más importantes podemos citar: El portal de los Condes de Ceballos dónde se firmaron los Tratados de Córdoba. También el Palacio municipal, es una de las construcciones más bellas ya a que éste fue construido en 1905 de estilo toscano florentino. Asimismo, en el Parque Central encontramos un Obelisco en memoria a los defensores de Córdoba en 1821.

El ambiente musical es la marimba, mariachis, rondallas y jaraneros. Dentro de la cuidad bailamos el danzón y los jarochos como la Bamba e la bruja.

En estas tierras, se celebran diferentes festividades: El día 21 de Mayo, La batalla de Córdoba, un levantamiento en la Villa de Córdoba del 15 al 21 de mayo. Allí 250 voluntarios se enfrentaron a las tropas del Coronel Hevia, quien defendía a la Corona Española. Esta celebración se conmemora con un desfile.

Los 24 de agosto se celebran Los tratados de Córdoba, los cuales le dieron fin a la independencia de México.

Contamos también con el Festival de Emilio Carballido, el cual se realiza cada año en el mes de agosto en honor al Dramaturgo cordobés Emilio Carballido Fentanes. En ese marco, se realizan presentaciones de libros, orquestas, opera, danza, baile, pintura, cine y fotografía. También tenemos el Festival de danza, que se lleva acabo cada dos años, en diferentes recintos del lugar.

Córdoba es también una ciudad de leyendas, que son relatos que se transmiten de generación en generación como la leyenda de la Virgen de la soledad y el de Mulata de Córdoba.

Se dice que cuando fue terminada en la Catedral de la Inmaculada Concepción, era necesaria la imagen de una Virgen, para lo cual, se hizo un comunicado solicitando a los mejores escultores realizar esta obra.

Cuando llegaron unos escultores para hacer el trabajo, la condición era que se les diera un espacio personal y el sacerdote accedió a la propuesta. Les pagó la mitad por adelantado y una persona les abría y les daba los alimentos.

Con el paso de los días, la encargada de llevarles la comida, notó que no se escuchaban ruidos dentro del cuarto asignado, el cual solo tenía una entrada que se encontraba vigilada todo el tiempo. Entonces decidió entrar para ver qué pasaba y cuando entró, se llevó una sorpresa pues los escultores no estaban, habían dejado el dinero, pero la virgen estaba esculpida. No se sabe si esto fue un milagro o los ángeles fueron quienes hicieron la obra.

En tanto, la leyenda de la Mulata de Córdoba cuenta de una hermosa mujer en la villa de Córdoba, que se la pasaba atendiendo a los enfermos, sanando sus almas, y hacía toda clase de hechizos para hacer sentir mejor a las personas del pueblo. Solían decir que durante las noches, en su casa salían humos rojos y negros. El tribunal de Córdoba, la acusó de brujería y la encarcelaron.

Cuando la llevaban a su celda, le pidió al carcelero un pedazo de carbón. La mulata  dibujó en la pared un barco y le hizo una pregunta: Señor, ¿Qué cree usted que le falta a este barco? El carcelero le contesto que navegar. Entonces ella salto al barco y de ahí empezó a navegar, desapareciendo poco a poco de la vista del carcelero.

Otro aspecto característico de Córdoba es que parte de sus habitantes se dedican a la siembra de café. El café es importante en la gastronomía cordobesa ya que de él, se producen bombones de café, galletas y bebidas de café. Cuenta con diferentes empresas como cafetalera del Carmen, CAFINCO y cafetalera Zeta S.A de C.V.

Dentro de la gastronomía cordobesa, se destacan platillos típicos como: Tesmole Caldo espesado con masa, puede llevar flor de izote, chileatole, maíz salado y enchilado que se consume como sopa, acompañado con carne y verduras asemillas. La palanqueta es un postre, preparado con semillas o frutos secos tostados y cubiertos con miel de piloncillo.

En cuanto a sus vestimentas características, Córdoba cuenta con el traje típico de cordobesa este representa a la pureza, alegría, tradición e historia. El color blanco se encuentra acompañado de colores rojos y verdes, que  hace que el traje de la mujer cordobesa sea un símbolo muy atractivo de la ciudad. La historia se representa con 30 botones mismos que representan a las 30 familias que en 1618 fundaron la ciudad de Córdoba.

En el portal de la gloria podemos encontrar una foto de la mujer cordobesa con la siguiente leyenda: Tacoszin Cualtsi: “Soy la mujer cordobesa, la de andar sereno. La de los ojos lindos, la que da amor, la de los ojos grandes, la que causa admiración, la de los ojos chicos, y la que causa respeto.”

 

Las muchas Córdobas del mundo y una es veracruzana

Francisco Miguel Carballido Rosas

Hay muchas Córdobas en el mundo. Por citar unos ejemplos, está la de Córdoba Argentina dónde seguramente se disfruta bailando el tango y tomando el exquisito mate. También hay una colombiana, con aroma de flores y al ritmo de cumbia, se baila alegremente.

Está la sobria engalanada Córdoba de España, enriquecida por el arte mudéjar, que dejaron como herencia cultural los moros o musulmanes después de conquistarla durante 700 años.

Y la nuestra, la Córdoba veracruzana, la ciudad que fue fundada por 30 Caballeros, procedentes de Huatusco, Amatlán, y otros lugares vecinos. Llamada la tierra del café, porque fue el primer lugar de América donde se sembró y cultivó éste grano.

Se encuentra vestida “con todos los verdes posibles que uno pueda soñar un pintor”, como bien dice la canción Cordobesa del gran compositor Pepe Guízar, el denominado, pintor musical de México.

Ésta Córdoba es alegre, educada, hospitalaria e histórica. Tierra de muchos artistas, poetas como Rubén Bonifaz Nuño y Jorge Cuesta, de pintores como Jaime Sánchez y Ramón Sánchez Méndez, de escritores como Emilio Carballido y Rosa María Galán Callejas.

De músicos, como Juan José Calatayud así como de connotados políticos, gobernantes, empresarios y comerciantes visionarios. También de sus ciudadanos, ejemplo de pundonor, trabajo, esfuerzo y progreso.

Córdoba fundada hace 402 años, el 27 de abril de 1618, se destaca por sus históricos Tratados, que fueron el primer documento legal que reconoció la independencia de México con respecto a España, firmado en el célebre Portal de Zevallos, por Don Juan O’donoju y Agustín De Iturbide el 24 de agosto de 1821.
Córdoba es denominada heroica, por la defensa en la batalla del 21 de mayo de ese mismo año.

Esta ciudad, con su centro histórico que es uno de los más bellos, no tan sólo del Estado, sino del país. Y sus tradicionales, bullangueros y hermosos portales,  donde se  canta con los tríos, y los mariachis, o se puede bailar al son de la marimba o de los grupos musicales que aquí llamamos “jarochos”.

Donde se puede degustar la más exquisita y variada gastronomía, producto del encuentro de tres culturas, de los continentes: Americano, Europeo y Africano.

Córdoba, tierra de mujeres preciosas, con perfumes de gardenias y de rosas. Con sus bellas vistas panorámicas desde la Sierra del Gallego, y del monumental Citlaltepetl (“Cerro de la estrella” o también conocido como el “Pico de Orizaba”). El cual permanece siempre atento y vigilante como si nos cuidara, y nos envía diariamente el agua cristalina, que baja por las montañas.

Córdoba, está llena de arte, cultura, tradiciones y  leyendas como la de “La Virgen de la Soledad”, de la cual se dice que cuando se aproximaba un huracán, en los años 40’, y del que se aseguraba que causaría una enorme destrucción.

Inexplicablemente a pocos kilómetros de la ciudad, se desvío hacia las montañas, sin causar ningún daño grave a la población. Cuenta la leyenda que al otro día, los pies y los faldones del vestido de la Virgen de la Soledad estaban mojados y llenos de lodo, porque ella había salido a proteger a sus pobladores, y así ocurrió en muchas otras ocasiones, cuando la ciudad se ve amenazada, la virgen sale a protegerla.

También está la leyenda de “El Marcaron y el Gallo de oro”. El Marcaron era una escultura de piedra que asemejaba a la cara de un antiguo ídolo, que se encontraba en la parte alta de un edificio en una esquina y contra esquina de una casa colonial. Allí había una veleta, con un gallo color dorado, que daba la impresión de ser de oro, de los cuales se dice que después de la media noche, se ponían a platicar asuntos relacionados con la historia y problemas de la ciudad. Desde ahí le ocasionaba muchos sustos a los trasnochados que pasaban.

La otra leyenda muy famosa es “La Mulata de Córdoba”. Cuentan era una hermosísima mujer, de ojos verdes y cabellos negros, que vivía sola y era curandera. Pero que al desdeñar las propuestas de amor de muchos caballeros de la época, decidieron acusarla como hechicera. Así fue como la trasladaron al Castillo de San Juan de Ulúa, en el Puerto de Veracruz, para su encarcelamiento y posteriormente ser quemada en la hoguera.

La noche previa a su ejecución, la mulata pidió al carcelero que la custodiaba, uno pedazo de carbón o tiza para poder pintar. Ante la subyugante belleza de ella, el carcelero no pudo negarse y se los entregó. Y ella, empezó a dibujar un gran barco de vela en la pared, el cual era tan bello y bien hecho que parecía ser real.

Al acabar su dibujo, le pregunto al carcelero que le faltaba al dibujo y él le respondió: que navegue, entonces la mulata replicó: -¿Ah, si? ¡pues adiós!. Y de un salto subió al velero, que se empezó a deslizar por la pared de forma increíble, hasta perderse de la celda. Relata la leyenda que el carcelero enloqueció para siempre, y de la Mulata, jamás se encontró rastro alguno, ni se volvió a saber algo de ella.

Córdoba  es  la cuna donde se mecen mis más bellos sueños, fantasías e ilusiones y también será el escenario donde habrá de caer el telón al final de mi vida.

 

Un café, una tarde y un danzón…

Por Pedro Vidal García Juárez

A las cuatro de la tarde, abrió el ropero, sacó su sombrero, vestuario y zapatos. Después se dispuso a llamarle por teléfono… a esa hora, ella ya estaba lista. Salió de su casa…

Al llegar a la explanada del Veintiuno de mayo, que era el parque principal de la ciudad de Córdoba en el estado de Veracruz, la buscó, haciendo un barrido con la mirada, de lado a lado, sin embargo no tuvo éxito. Observó su reloj, eran las cuatro y media. Caminó hasta llegar a una banca de hierro y se sentó a esperar a que transcurrieran los minutos.

Se quitó el sombrero, su pierna derecha cruzaba sobre la izquierda, a pocos metros, observó varios niños que aventaban puños de arroz sobre la explanada, después una parvada de palomas, que eran los animales más emblemáticos, descendían y se alimentaban de los granos. Esa resultaba ser una diversión tradicional de los niños cordobeses, sobre todo los fines de semana, pero ese día era jueves.

De pronto, alguien tomó su hombro, giró su cuello y sonrió, ambos se miraron, los dos lucían elegantes, habían llegado al mismo lugar para un fin común: bailar danzón, sin lugar a dudas, el ritmo más representativo de la ciudad de “Los 30 Caballeros”, ya que así era conocida Córdoba. La banda municipal interpretaba los jueves y domingos, las tradicionales tardes de danzón.

Antes de iniciar, se dirigieron a una cafetería cercana, donde vendían café, sembrado y cosechado en las comunidades rurales, justo en la zona montañosa del municipio. El reloj marcaba  las cinco…

Charlaron durante unos minutos. Esa tarde estrenarían nuevos pasos, habían ensayado mucho para ello y ambos estaban ansiosos. Al quedar vacías las tazas, llamaron al mesero y pidieron la cuenta. A las cinco y media de la tarde, los sexagenarios regresaron a la explanada.

Los músicos comenzaron a llegar y de los estuches fueron saliendo uno a uno todos los instrumentos de la banda. Después se colocaron las sillas y los atriles, y el parque se inundó con sonidos de trompetas y clarinetes. La banda afinaba para la presentación de ese día.

Llegaron también otras parejas de baile, el danzón era preferido por la gente adulta, sin embargo, cada año se observaban más parejas jóvenes. Las nuevas generaciones comenzaban a interesarse por este género, que había nacido en Cuba y llegado a  México a finales del siglo XIX, mayormente por los estados de Yucatán y Veracruz, debido a su cercanía con la isla. Sería hasta el siglo XX, cuando quedaría arraigado en algunas ciudades de nuestro país, entre ellas Córdoba.

Diez minutos antes de las seis, los músicos estaban listos, todos con su uniforme, de igual forma, las parejas de baile, impacientes por iniciar. Los hombres sacudían sus blancas guayaberas y las mujeres preparaban su abanico, que es usado durante el baile. De pronto, el silencio fue quebrado por la batuta del director que pegó sobre el atril situado justo al frente de la agrupación musical. Los trombonistas, saxofonistas, percusionistas y demás músicos, muy atentos a la señal y sin más preámbulo, comenzaron a interpretar “Teléfono a larga distancia”.

Ella tomó su abanico, él extendió su mano y fue correspondido. Bailaron efusivamente esa primera pieza. Lucía emocionada, él no dejaba de mirarla, todo transcurría con aparente normalidad.

Después llegó el danzón más famoso de México: “Nereidas” del compositor oaxaqueño Amador Pérez Dimas; posteriormente “Almendra” y así un tema tras otro, que hacían bailar a todos los asistentes y obligaban a más de un transeúnte, a detenerse por unos minutos para escuchar la música o ver bailar a las parejas. A las seis y media, tomaron un breve descanso y de nueva forma continuaron.

Mientras bailaban la parte lenta de la canción, ella comenzó a notar algo extraño en él, y decidió preguntarle: ¿Estás bien? Él, se detuvo por un momento y asintió con la cabeza, después tomaron otro brevísimo descanso, para ese entonces, trascurría ya la parte rítmica, comúnmente llamado montuno (que suele ser la parte más rápida de la melodía).

Él comenzó a agitarse, ella con su abanico le echó aire a la altura de su boca. Mientras el varón perdía el equilibrio, la banda seguía tocando y las otras parejas bailaban acompasadamente. El sol dejaba ver última fuerza del día, cuando de repente, el hombre cayó súbitamente al suelo, ante el asombro de músicos, bailarines y ciudadanos congregados en el parque Veintiuno de mayo.

Por unos minutos el silencio y la angustia invadieron el lugar. Muchos se acercaron a ver lo que pasaba con aquel caballero. Ella al no saber qué hacer, pidió ayuda a las personas cercanas, que lejos de ayudar, sólo obstruían la luz y la ventilación. Después de varios minutos, se escuchó una sirena, los músicos callaron y todas las parejas regresaron a sus lugares. Había una sensación de incertidumbre.

Al llegar la ambulancia, los paramédicos descendieron y quitaron a todo el público reunido alrededor. Lo examinaron detenidamente, para esto, ya habían transcurrido varios minutos desde que el hombre se había desplomado sin razón aparente.

Uno de los paramédicos exclamó: ¡Toma el pulso!

Otro, segundos después dijo: ¡Está muerto!, no tiene signos vitales.

Ella no podía dar crédito de lo ocurrido.

¡La noticia (de forma oral) comenzó a cundir el parque…!

-¡Se murió un danzonero!

-!Se murió un danzonero! Murmuraban por doquier.

Fue así como terminó la vida de aquel elegante caballero, que murió en pleno baile, así terminó su vida, esa tarde de café y danzón.