Córdoba, Colombia

Córdoba, región colombiana que sorprende con su cultura

Por Antonio Mora Vélez 

El departamento de Córdoba, en Colombia, está ubicado al norte del país, frente al mar Caribe. Es una región con muchos ríos y ciénagas, siendo los dos principales ríos el Sinú y el San Jorge, que nacen en el Nudo de Paramillo, justamente donde se trifurca la cordillera Occidental en las tres serranías de Abibe, San Jerónimo y Ayapel, que constituyen las elevaciones de un territorio de casi 24 mil kilómetros cuadrados, en su mayor parte formado de llanuras, costas y valles, y en donde se encuentran ubicadas la mayor parte de sus poblaciones. Su nombre le fue puesto por los parlamentarios autores del proyecto de su creación, como homenaje al prócer de la independencia General José María Córdoba.

Su origen mítico se remonta a los tiempos de existencia de los dioses del Olimpo Zenú: Mexión y Manexca, quienes aparecen como los creadores de la Naturaleza y fundadores del pueblo Zenú, pueblo que estaba formado por una confederación de tres tribus: PanzenúFinzenú y Zenufana, a la llegada de los españoles. Los zenúes fueron excelentes orfebres del oro, ceramistas y creadores de una sociedad hidráulica que logró construir un sistema de canales para controlar las inundaciones y habilitar más de 500.000 hectáreas como zonas para el cultivo y la vivienda, sistema que es hoy objeto de estudio de ingenieros y antropólogos colombianos. Vivían de la caza, de la pesca y de la agricultura.

La capital del departamento de Córdoba, Colombia, es Montería, ciudad de aproximadamente 500 mil habitantes, llamada la Perla del Sinú por encontrarse en las márgenes del río del mismo nombre, que la divide en dos. Ha sido también nombrada como la Ciudad de las Golondrinas, por las visitas que estas aves les hacen a sus tierras cálidas durante su período migratorio. Montería es la sede de varios eventos culturales, entre los cuales tenemos: la Feria Nacional de la Ganadería, el Festival del Dulce en Semana Santa, el Festival de Cine, la Feria del Libro, el Festival de Jazz, las exposiciones del Museo de Arte Zenú  y el Recital de Mujeres Poetas del Caribe. Su parque lineal llamado La Ronda del Sinú —el más largo de Colombia— es su principal atracción turística; en él se puede disfrutar la sombra natural de un bosque conservado de árboles de diferentes clases; ver animales como monos, ardillas, iguanas, pericos ligeros y una gran diversidad de pájaros. Al inicio de él, frente a la Casa de la Cultura, podrás observar las esculturas que representan a los músicos de nuestras bandas vernáculas y el recordatorio en piedra de La aventurera, una de las canciones más populares del folclor regional, justamente ubicada frente al Puerto Turístico, en el que puedes iniciar un tour por el río para observar la vegetación de sus riberas, los puentes que comunican uno y otro lado de la ciudad, los estaderos recreacionales y las playas que los habitantes de esos barrios utilizan para la diversión o para el trabajo. Desde sus orillas puedes embarcarte en uno de los muchos “planchones”, embarcaciones típicas que comunican el centro de la ciudad con la residencial de la otra ribera.

Córdoba es rico en manifestaciones culturales, las cuales tienen sede en varios de sus municipios. En San Pelayo[T1]  se realiza anualmente el Festival Nacional del Porro, ritmo musical que distingue a la región y que es ejecutado por bandas formadas por instrumentos de viento. Y que es, según uno de sus investigadores más conocidos, Guillermo Valencia Salgado, un ritmo en el cual se sincretizan las influencias musicales de África, España y las primitivas poblaciones del Sinú. En Cereté se realiza anualmente el Encuentro Internacional de Poetas que congrega a más de 50 poetisas del continente. En otro de sus municipios –San Antero– se realiza el Festival del Burro, fiesta campesina que le rinde homenaje al animal que los acompaña en sus faenas agrícolas y que concluye con la coronación del mejor ejemplar por su conservación y presentación ante un jurado. En la población El Carito se celebra anualmente el festival de la Chicha, fiesta que se dedica a una de las bebidas de origen indígena y que aún es parte de la alimentación cordobesa. Evento que cuenta con la asistencia de dos de las más famosas artistas de la TV colombiana, Adriana Lucía y Martina la Peligrosa, originarias del lugar.

Es famosa la tierra cordobesa por su gastronomía. Destacamos entre sus mejores platos el pez denominado Bocachico, en sus diversas presentaciones: en sancocho, viuda, al cabrito y frito, acompañado con arroz con coco y yuca o patacón, según la presentación. También el mote de queso, que es una sopa espesa de ñame con queso en trocitos, y verduras y condimentos al gusto. En las llamadas mesas de fritangas y en las tiendas de bebidas y comida ligera se consiguen deliciosas frituras como carimañolas, buñuelos, empanadas, arepas con huevo, patacones, deditos de queso y otras más. Un libro titulado La cocina criolla cordobesa, de Carlos Morón Díaz y Cristina Galván de Morón, recoge toda la gastronomía de la región.

Las Fiestas de Corraleja son una de sus más disfrutadas tradiciones. Se celebran en casi todos los municipios del Departamento y durante esos días dentro de una construcción rectangular de madera de dos pisos, los llamados manteros, banderilleros y garrocheros del campo le hacen faenas y pericias a los toros que son soltados en la arena. Por la noche, en esa misma construcción —llamada corraleja— se celebran los famosos fandangos; baile grupal por parejas alrededor de una banda de músicos que se centra sobre una tarima y ejecuta porros y otros ritmos de la tierra que trasladan las preocupaciones del diario acontecer al cuarto del olvido. Tienen fama de ser las mejores fiestas de corraleja: las de Ciénaga de Oro, Planeta Rica, Sahagún y Tierralta.

Córdoba es tierra de costumbres ancestrales. Y la Semana Santa es de las más celebradas. En ella, aparte del fervor religioso que culmina con la Procesión del Nazareno rumbo al Martirio de la Cruz, se destaca el intercambio familiar de comidas típicas como el arroz de frijolito, la ensalada de palmito, el “fricaché” de bagre, y dulces de tomate, coco, papaya, guandul y en especial el llamado “mongo-mongo”, que es un dulce típico que contiene, entre otros ingredientes, mamey, plátano maduro, coco, guayaba dulce, panela, azúcar y especias. Y que se come, casi siempre, acompañado de cazabe, tortilla hecha con harina de yuca y que es asada sobre planchas metálicas de fabricación rústica. El cazabe ha sido considerado por los indígenas zenúes y por los campesinos de la región Caribe colombiana, como el pan de la cocina criolla. Y sabe a lo que usted le unte: mantequilla, queso crema o pasta de ajonjolí, pero con el mongo-mongo es un delicioso manjar digno de la mejor mesa.

Las expresiones artísticas son parte del reservorio cultural de las regiones de Córdoba. Famosas son las pinturas primitivistas de Marcial Alegría, artista indígena que vive en una región en una de cuyas poblaciones se teje el llamado Sombrero vueltiao, prenda que identifica a Colombia a nivel internacional y que motivó una investigación del etnólogo Benjamín Puche Villadiego y en la que concluyó que dicha prenda está concebida según una fórmula matemática que exhibió en su momento y que sus trazos están emparentados con trazos semejantes de las culturas mayas y toltecas. También son dignas de resaltar, las esculturas de inspiración folclórica de Alfredo Torres (La diosa de la chicha, Las abarcas y Las aguadoras) y los retratos del mismo Torres; los murales y esculturas de Adriano Ríos Sossa (A Lorica, Eva y María, el mural histórico de la Alcaldía…), los bodegones de Mónica Garzón; la “pictografía sinuana” de Uberto Gómez, que hace referencia a los elementos del Rio Sinú y a la cultura Zenúla plástica terrígena de Germán Morales y los paisajes del cosmos místico de José Joaquín Arroyo.

Igualmente, son famosas y todavía en el repertorio musical de Colombia, canciones como Los sabores del Porro y La aventurera de Pablo FlórezRío Sinú de Miguel Emiro NaranjoLa Lorenza y María Varilla de Alejandro RamírezMe voy päl Salto de Noel Petro y El bocachico sinuano de Dionisio T. Romero, uno de cuyos hijos: Lácides Romero es considerado uno de los piano-acordeonistas más importantes del mundo. Y orquestas como la Sonora Cordobesa que llenó de música bailable toda una etapa de la vida nacional durante las décadas de los 80 y 90, y cuyos discos siguen estando en las discotecas de los amantes de la música costeña y sonando en las radioemisoras del departamento. Cantantes de esta época, que se han ganado el aprecio de los amantes de la música popular bailable, como Adriana Lucía y Aglaé Caraballo, son originarias de esta región de la Patria.

La literatura es tal vez el renglón de la cultura en el que la Córdoba de Colombia le ha brindado al país sus mejores aportes. En Córdoba nacieron o vivieron sus primeros años narradores y poetas de amplia trayectoria nacional como Manuel Zapata Olivella, Raúl Gómez Jattin, David Sánchez Juliao, Guillermo Valencia Salgado, Leopoldo Berdella, Gustavo Tatis Guerra, Nelson Castillo Pérez, Soad Louis Lakah, Andrés Elías Flórez, José Luis Garcés, Alexis Zapata Meza y el autor de estas líneas; muchas de cuyas obras se siguen leyendo y son parte de la historia de la literatura colombiana, y en las cuales se reflejan no solo los pesares del pueblo cordobés sino sus alegrías y sus esperanzas.

Debo agregar que de su historia y de sus realidades culturales y socio-económicas se han ocupado investigadores propios y foráneos. Entre los trabajos más destacados mencionamos La Historia doble de la Costa (Tomos III y IV) del sociólogo Orlando Fals BordaTradición oral y conducta en Córdoba, de Manuel Zapata OlivellaEl Río Sinú y El Río San Jorge, obras de Luis Striffler; El Sinú, geografía humana y ecología, de Burton Leroy GordonSinú, pasión y vida del Trópico, de Antolín DíazRelatos de nosotros los cordobeses, de Víctor Negrete Barrera; La Historia Documental de Córdoba y Entre bombos y platillos, de William Fortich Díaz; Córdoba, su gente y su folclor, de Guillermo Valencia Salgado; El sombrero vueltiao de Benjamín Puche VilladiegoLos Zenúes, de Roger Serpa EspinosaLos Zenúes, de Oscar Vega Benito-Rebollo; Las monografías de Cereté y de Sahagún, de Gustavo Abad HoyosEl fandango sinuano, de Margarita Cantero Pérez; el poema épico Desiderio Verano, de Alexis Zapata Meza; Vida y obra de Antolín Díazel coloso del periodismo, de Albio Martínez Simancas; Lorica bien nacida, de Alexis Jattin; Raíces genealógicas en el Sinú y Sabanas de Luis Mendoza de la Espriella; Crónicas y estampas de Montería de Edgardo Puche Puche; El Diccionario cultural de Córdoba, de Juan Santana Vega y la novela A la hora de las golondrinas, del autor de esta crónica.  

Agrego, para concluir este trabajo, esta anécdota y su consiguiente apostilla. Alguna vez, una de las radio-emisoras de la región grabó una identificación que comenzaba de esta manera: “Pobrecito del Perú si se descubre el Sinú, frase célebre del Inca para nombrar a lo que hoy es Córdoba…”. Y que trataba de mostrar las potencialidades en riquezas de esta sección de Colombia. Córdoba es tierra ganadera y agrícola y con costas y posibles puertos en el mar Caribe para proyectarse hacia el mundo. Tiene todo para ser despensa de carne y de comestibles del campo no solo de Colombia sino de países amigos. Lamentablemente su estructura de producción basada en la extensa propiedad de la tierra y en la ganadería extensiva, el casi inexistente desarrollo industrial y el poco apoyo que los gobiernos le brindan a la pequeña economía rural, no han podido hacer realidad la frase del Inca citada por la radio-emisora local.

Una difícil pregunta

Por José Armando Benítez Tuirán

Ya habíamos acabado el postre. Esperábamos a que nos trajeran el café y todavía no encontraba respuesta a la pregunta que me había hecho mi novia, cuando aún ni siquiera nos habían ofrecido la carta. Estábamos en la terraza de un restaurante, cuyas vistas fantásticas nos tenían embobados por la majestuosidad de la Mezquita-Catedral que frente a nosotros altanera se imponía.

La habíamos recorrido curiosos por tantos detalles, fascinados por la espectacularidad de su interior, anonadados al escuchar la historia que escondía ese recinto. Historia que resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana, y que identifica a la ciudad de Córdoba, la Córdoba andaluza.

El almuerzo había sido contemplativo y silencioso. Es inevitable no destinar todo el interés y la atención hacia el monumento más importante de todo el occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Pero no era esa maravilla arquitectónica lo que me había enmudecido. ¡Qué va! Era el centenar de respuestas qué revoloteaban en mi cabeza, ¿Cuál de ellas? Ninguna lo suficientemente determinante como para imponerse en detrimento de las otras.

Las comparaciones, que suelen ser odiosas, son también en la misma medida tentadoras, al menos eso me pareció en ese momento, pues no pude evitar buscar una figura de correspondencia para contestar la pregunta.

Así que lo primero que hice fue buscar un ícono arquitectónico. Se me vino a la cabeza la Iglesia de San Jerónimo de Ayapel, su construcción de estilo gótico, su imagen blanca, impoluta, de cara a la no menos imponente Ciénaga de Ayapel, que altiva exhibe sus 25 mil hectáreas de agua.

Pero apareció en mi mente la imagen de otra edificación religiosa, que tiene el mismo patrono, la Catedral de San Jerónimo de Montería, una construcción que fusiona el estilo gótico y el republicano, que posee características similares en cuanto a la belleza estética y legado religioso y cultural, y que está incrustada en el centro de la capital del departamento de Córdoba.

Entonces, un alud de imágenes arquitectónicas, como el mercado colonial de Santa Cruz de Lorica, su iglesia y las iglesias de Chinú, Ciénaga de Oro, Sahagún o Cereté me parecieron también respuestas válidas. Razón suficiente para confirmar que un ícono arquitectónico no sería una respuesta satisfactoria. En cambio me vino la idea de que uno de los cuerpos de agua que tiene la Córdoba del Caribe colombiano, podría ser más acertada como respuesta al cuestionamiento.

Y pensé que bien podría ser la Ciénaga de Betancí, como también la Ciénaga Grande de Lorica, al igual que la Ciénaga del Arcial en Buenavista, o la Ciénaga del Porro y Cintura en Pueblo Nuevo, todas con un enorme potencial de biodiversidad, convertidas en destino predilecto para el avistamiento de aves. Se me atravesó la imagen del río San Jorge y sus riberas y también me vinieron a la mente las aguas del río Sinú.

Estaba seguro de que la respuesta era el Sinú como eje central. Pues, al igual que el San Jorge, nace en el Nudo del Paramillo, un parque natural con una extensión de más de 500 mil hectáreas que conserva ecosistemas de selva húmeda tropical, planos inundables, bosques andinos y subandinos, humedales y páramos.

Y luego, bajo el nuevo e imponente puente de Valencia pasa y surca las tierras sinuanas hasta llegar a Montería, dividiéndola en dos. Y ahí es acompañado, a lado y lado, por el parque lineal más grande de Latinoamérica: las Rondas del Sinú, un lugar que se puede recorrer usando su ciclo-ruta o caminando para disfrutar de la sombra de los árboles que se extienden sobre sus senderos peatonales colmados de iguanas, monos aulladores, ardillas, osos perezosos, titíes, tucanes y otras aves que, aunque exóticas, son propias de esta región.

El Sinú continúa su viaje y pasa por Cereté: la capital del ‘oro blanco’, llega a Lorica y bordea su antiquísimo mercado y corre paralelo al nuevo malecón. Y continúa hacia San Bernardo del Viento hasta encontrarse con el cálido Mar Caribe.

Entonces supe que así mismo merecía ser la respuesta, los 124 kilómetros de playas cordobesas: nuestra zona costanera, con todos sus atractivos turísticos que deslumbran a propios y extraños; los manglares, toda esa inmensa playa que está esperando a ser explorada, a ser descubierta.

Sus aguas turquesas, la blanca arena que deslumbra al reflejar el sol, sus corales y por supuesto, las islas vecinas del archipiélago de San Bernardo. Todo un mundo por descubrir.

Pero nuevamente la certeza (en este caso de que cualquier cuerpo de agua cordobés, podría ser la respuesta) me hizo ver que ninguno de esos atractivos, sería por sí solo acertado para contestar. Así que cambié de pensamiento, decidí escoger a Montería. La capital cordobesa, una pequeña urbe, un pueblo grande, una ciudad verde, amable con el medio ambiente y que ha sido reconocida por la ONU como una de las 10 ciudades más sostenibles del mundo.

Pensé que asimismo podría decir de Sahagún: la capital cultural del departamento; Tuchín, con su Cabildo Indígena y sus artesanías, como el sombrero vueltiao, que es símbolo nacional. Lorica y su centro histórico. Planeta Rica: ciudad bella y cordial. Buenavista: corazón del San Jorge. En fin, tantas opciones me hicieron desistir de la idea de usar como respuesta a un pueblo o una ciudad de Córdoba.

Entonces, se me ocurrió escoger una festividad: La Feria de la Ganadería, el evento que más nos representa a nivel nacional e internacional. Con su parada folclórica, que es un verdadero carnaval, las cabalgatas, los concursos equinos y bovinos. Una fiesta inacabable, todo un derroche de alegría, música y colorido.

Pero como una avalancha comenzaron a llegar festivales únicos en el país y en el mundo, como el Festival Nacional del Mapalé, en Buenavista; el Festival del Bullerengue, en Puerto Escondido; el Festival de la Cumbiamba, en Cereté y el Festival del Burro, en San Antero. Los festivales de acordeoneros de Sahagún, Chinú, Montelíbano y Ayapel. O escoger las fiestas de corralejas en Planeta Rica, las mejores de Colombia, que compiten con la Mamá de las Corralejas en Cotorra.

A mi mente llegó una noche y su madrugada de un día de finales de junio. Un desfile de bandas musicales, una especie de procesión, que recorre las calles del pueblo de San Pelayo dando inicio al Festival Nacional del Porro, una fiesta musical sin igual, de la música que más nos representa como departamento y como región.

Las polleras de flores del desfile de las aguadoras, las bandas sonando todo el día, la muchedumbre bailando bajo la luz de la luna y de un paquete de velas que se queman al son del baile. Creo que lo mejor sería escoger los tradicionales fandangos o los bullerengues. Y de repente, me rendí. Simplemente no encontré respuesta entre tantas respuestas.

Mi novia me bajó de la nebulosa de mis pensamientos:

—A ver, ¿cuál es la respuesta?

Y cuando estaba a punto de reconocer mi incompetencia para responder, cuando me iba a declarar impedido para realizar esa elección, el joven que nos atendía nos interrumpió. Quería saber si después del café nos apetecía un trago de un licor digestivo. Mi novia le contestó afirmativamente y él replicó:

—Enseguida os lo traigo mi arma.

Sí, en la Córdoba española suelen decir: mi arma, en cuentas de decir: mi alma. Eso encendió una chispa en mi interior y le dije a mi novia:

—Eso, es eso.

—¿El lenguaje? —preguntó ella.

—También, pero no —contesté. La gente —dije finalmente.

La gente, sí. Aunque suene a cliché, la gente es el icono de la Córdoba caribeña. No son sus joyas arquitectónicas, ni sus maravillosos cuerpos de agua, ni ningún otro atractivo turístico. Tampoco sus pueblos o sus ciudades o sus fiestas. Ni sus tradiciones culturales y ni siquiera su folclor. Es su gente.

Regresando a España con mi novia, que ya era mi mujer, y que por primera vez había estado en mi tierra, sobrevolábamos en avión a mi Córdoba. Desde el cielo pude apreciar parte de su bello paisaje y eso me recordó aquella pregunta. Y aunque había tenido cinco años para repensar qué responder, la respuesta continuaba siendo la misma.

Entonces decidí devolverle esa difícil pregunta que una vez me hiciera después de visitar la Mezquita Catedral de la Córdoba española:

—Si tuvieras que escoger el ícono más representativo de la Córdoba del Caribe Colombiano ¿Cuál sería?

Ella ni siquiera me miró. Apretó fuerte contra su pecho a nuestro hijo de seis meses, le dio un beso en la frente y dijo:

—¡La gente de Córdoba, por supuesto!.

 

El Sombrero Vueltiao

Por Martha Teresa Buitrago Aceros

Cuando nos visitó, el presidente de los Estados UNIDOS, Bill Clinton, en el año 2000, uno de los regalos más representativos que le entregaron, entre otras artesanías colombianas, fue el sombrero vueltiao.

Es un sombrero hecho con fibra de caña por indígenas asentados en Córdoba y Sucre en algunos municipios de Sampués, San Andrés de Sotavento y Tuchin. Imagínense que este sombrero es un símbolo nacional tanto como nuestro propio himno, el carnaval de Barranquilla o la orquídea.

Hago referencia al sombrero vueltiao, solo para expresar la fortuna de referirme a la gente pujante y a la vez paciente que con su orfebrería mantiene viva la idiosincrasia indígena, mestiza y africana del departamento de Córdoba. Uno de los treinta y dos departamentos que conforman a mi país de Colombia y que a su vez tiene el límite del mar Caribe.

Pensar en la gente cordobesa es pensar en trabajadores, especialmente, agrícolas y ganaderos. La hidrografía generosa del departamento en lo que se refiere a sus principales ríos: el Sinú y el San Jorge brinda a sus terrenos grandes valles y llanuras en donde pastan sus vacas y ovejas.

Asimismo es imposible no admirar las ciénagas que sus mismas aguas forman en donde hay cultivos de diferentes pescados. Y, que decir, de la cordillera de Occidente con sus ramales de Abibe, Ayapel y San Jerónimo que aportan al paisaje cordobese las montañas llamadas serranías, haciendo que su clima varíe entre 28 y 32 grados centígrados.

Pero, es acaso, me pregunto yo, ¿qué solo se debe identificar a Córdoba con el sombrero vueltiao? Por supuesto que no. Cuando nos estamos comiendo una deliciosa carne asada, o un rico arroz o quizá una arepa rellena, es ahí cuando también debemos echarle una mirada a la ganadería y a los cultivos de arroz y maíz en las fértiles llanuras del departamento.

Porque Córdoba es precisamente eso, una potencia ganadera y arrocera, que brinda empleo a cientos de colombianos que dedican su vida a estos oficios.

Es tal el auge de la ganadería que incluso en Montería, capital del departamento, se lleva a cabo la feria y reinado nacional e internacional de la ganadería. Esta feria es aprovechada para mostrarle al mundo no solo los mejores ejemplares vacunos y bovinos, sino las bonitas artesanías colombianas como los mismos sombreros vueltiaos, las muchas cerámicas y las infaltables hamacas.

La feria se lleva a cabo en el mes de junio de cada año en conmemoración de la fundación del departamento, fundación que se dio en 1952, o sea que, en este año de pandemia, nuestra Córdoba cumplió 68 años.

Les quiero contar que otra ocupación de la población cordobesa es en la extracción de petróleo y de ferroníquel a cielo abierto. ¡Interesante dato! Yo escuchaba hablar de Cerro Matoso, como una empresa australiana minera y que estaba teniendo problemas con la Contraloría General de la República por unas regalías no pagadas.

Pero, fue a raíz de este escrito que me interesé en conocer más acerca de su producción de níquel, el más grande de Sur América y a cielo abierto como el de carbón, por la empresa El Cerrejón en la guajira, otro departamento colombiano.

Seguramente, volviendo a Cerro Matoso, la extracción del ferroníquel tendrá detractores, sobre todo, medioambientales, pero es una fuente de recursos económicos tanto para el departamento como para sus pobladores.

En fin, termino diciendo que la población cordobesa comparte las raíces afro, indígenas y españolas y este mestizaje ubicado en la costa caribe hace que la cumbia, el vallenato y el bullarengue sean señales alegres y de algarabía entre sus poblaciones y ¡Guepaje!.

 

¡Se llamarán recuerdos!

Por Franky Fernández Triviño (elfulanodetal)

¡Éntrate pa ’dentro! Gritaba mi madre desde el umbral de la puerta de aquella casa.

Era un grito finito, de esos que sólo suelen tener las madres tiernas, cuando saben que tienen en sus manos la responsabilidad de un pelao, que para nada fácil es.

Algo así como si aquellos gritos fueran el desahogo brutal en el viento, por haber ella irrumpido quizás, su plan vivencial de niña tierna y que siempre ha mostrado. Pues la verdad sea dicha, sigue aún Raquel, soñando asomada en los ventanales de la vieja casa, esperando que yo logre cumplir los míos y por fin encontrar los aplausos en escenarios románticos que sólo me ha dado una tierra del Caribe ensoñador: llamada Córdoba.

Me hundo en el sollozo constante, por saber que no eres más que eso: ¡Recuerdos!

Suelo escribir en el dolor. Parece haberme visto siempre en el mismo espejo de la nostalgia. Esa misma que añora paisajes recorridos en el tiempo, la que arrullo desde niño, jugando al trompo en calles polvorientas de una barriada, que soñó montando caballitos de palo, y empaquetadas con los calcetines usados, también para ir a la escuela.

Mis zapatos están brillantes. Mi madre solía lustrarlos a escondidas, mientras yo me deleitaba con una inigualable arepa e´ huevo que bastante brazo me sacó, moliendo su masa en un viejo molino oxidado. ¡Era toda una danza!.

Escuchaba yo la radio de botoncitos que estaba en la troja de la cocina. Yo era el mismísimo Kalimán.  Ese mismo que tanto me habló al oído y me dijo: -hombre fuerte, con sólo diez años.

Logro escuchar las teclas de la máquina de escribir del vecino, que siempre se las dio de defensor de leyes inexistentes, en un pueblo donde la gente no hacía otra cosa que esperar la llegada de la tarde, para comerse un arroz de coco, forrado con una sábana de suero y un bocachico frito encima.

Aun creo seguir escuchando a mi padre cantando «el Guararé» de Alfredo, mientras le escurría la tapa de limón sobre los apitonaos ojos del pez y guapirreando al tiempo: -¡Hipipipi! ¡Cierra los ojos que esto arde!.

No había mejor faena que aquel acto. Sólo se escuchaba en el silencio el resquebrajar del animal frito, mientras aquel manjar se volvía añicos entre amarillentos dientes, aún sin cepillar.

Afuera escucho un porro.

Viene del barrio vecino, donde decían sin cansarse que eran ricos. Y vaya que lo eran… Pues más de tres veces creo haber llegado a tocar sus puertas con la patota del cuarto de primaria, rebuscándonos pa’ el recreo y de paso ayudar a nuestros padres, para el sustento de los dulces en ese descanso escolar. Pues era precisamente allí, donde fuimos dizque empresarios y ofrecíamos el servicio como botadores de basura.

Más de una vez vimos ojitos bonitos de todos los colores, asomados entre los bolillos de ventanales y soñamos con que algún día, tendríamos novias así. Nos alejábamos con el placer del deber cumplido, con los bolsillos repletos de moneditas que eran repetidas y con el estruendo, de una carreta que alguna vez fabricamos, tejiéndole sueños al Sinú y cantado todos al tiempo: –A Emiliano qué le dan, la cebolla con el pan.
Ja, ja ja. Siento aún, el último fuetazo de mi padre, cuando de forma decidida me llevó a tiestas a casa, montado en camioneta ajena como nuestra casa y gritando al volante. -¡Usted no nació pa’ botar basura, no joda! -.

De todo puedo perdonarle, menos que me haya encaramado la Monareta al caballete de la casa, que, por cierto, era de palma.

Así tal cual, como las casas de nuestros viejos pueblos de Córdoba, plasmados para el hoy, por el lente mágico del abuelo fotógrafo Justo Manuel, en las fotografías cuando Córdoba aún era Bolívar en su asombrosa y desaparecida máquina.

Quiero muchas veces, escapar del intrínseco sonido de ese tic tac, que no hace otra cosa que zambullirme en los recuerdos de viejas faenas, acostumbradas al olor de un matarratón, a machos sinuanos que algún día quisieron ser toreros y al dulce sabor de un mango de puerco, que me dejaba hilachas en la boca.

Mi madre grita en el umbral de la puerta de balsa de la casa de la abuela, que era el momento de ir a bañarse. Que ya había pasado Lázaro, el Profe de primaria, rumbo a la escuela en su cicla amansa viejos. Y que después no viniera yo con el mismo cuentecito de ponerle una alita al número dos, pa´ siempre ganar mis previas en tres.

Que ya estaba enterada que me escapaba por un hueco en la pared del colegio, que yo había hecho, junto al Guillo, el Carlitos y el Leopoldo, para volarnos de clases e ir a burrear. Interprétese bien, y con más fuerza, el sentimiento que aquí evoco.
-Eche, porque fuimos burreros hasta el cansancio-.

Afuera esta mi mujer. Busca, mientras yo me miro al espejo y les cuento este cuento.

Trato que no se dé cuenta, por esas cosas del orgullo estúpido de querer tapar el sol con un dedo, que nunca más volvería a sentir el afán de entregarme, entre pellizcos de labios al frenesí de sus sentimientos. Que estaba bien su búsqueda, que admiraba su insistencia y era encontrándolos a ellos, donde yo podía encontrar el lleno de miradas. Ya huecas por los años.

Me decía desde la terraza, que ellos no podían haber caído tan lejos. Que dejara la pensadera en el maldito espejo y que trajera pronto el mechón que hacía poco le había heredado a su abuela.

Se llamarán recuerdos. Los tengo en mis manos y están llenas de retazos de ellos. Siento siempre el desespero por volverme a ver tomándome la mazamorra en la totuma de torres recordando mi infancia y meciéndome en una hamaca, es que siento el momento sublime donde escucho a la abuela Petra, cantándonos: zorra pelaquien te pelo, el agua caliente, quien te la hecho

Estoy mirándome. Aquí hallo el pensamiento obsceno de sus encantos que me enferman. Abro uno a uno, los que me imagino son hojas de un libro resquebrajado por el tiempo. Acaricio unas tras otra, con las yemas de los dedos que no se cansan en llamar a los recuerdos. Es capsula irrisoria el querer pretender que se debe uno escapar del niño que llevas dentro.

Se es agua, tierra, brisa y fuego, en las pasiones que sólo te dan las ganas de volver a volar barrilete y hacer cocinaos, en una bendita tierra que poca idea tiene de   cómo es que un prócer de libertades inconclusas y ajenas a tus sueños, la llaman como él.
Vuelvo a untarme del presente y traigo conmigo la bufonería de la comedia sin risa; de la tragedia sin llanto, sigo montando cicla y soy nuevamente dueño del lago. Siento que toco las alas de la alondra. Grito desde adentro tanto, que se me escuche el silencio.
Afuera se asoman grillos verdes, que algún día corretie con la varita de totumo, también yaya. Esa misma que fuera el Matías Moreno del aprendizaje de las tablas de multiplicar con sangre.

Me resguarda el deseo en mis ojos nublados de un atardecer que se veía caer, tal como aquella vez que pescaba pececitos de colores en la zanja de mi barrio. No importando los huecos en mis zapatos que tanto conocieron de cartones y de largas estadías, en techos de cocinas para secarlos al sol.

Mis ojos se cansan de mofarse por todo lo que alguna vez había visto, e incluso me burlo mirándome con la cabeza hacia arriba, pienso entonces en no querer darme cuenta de todo lo que alguna vez tenía y que ya no se ve.  Dentro de aquella maldita caja de recuerdos que se esfumó, cuando ella así lo quiso.

¡Cuánta dulzura deleitaste! ¡Cuántos mangos no comiste! ¡Cuántos vestidos no arañaste! Te reías a borbotones, recuerdo hoy, cuando el frío de los vikingos de cola con leche, enmelaban también tu lengua.

Reírse por todo lo que hiciste es el verdadero encuentro del saber por fin, que los años no vienen en vano. Conociste el azúcar de la piel, el amargo de lo sutil, el agrio de las letras. Creo verlos aún, aquí entre sombras, gritando de puertas abiertas:-Se llamarán recuerdos!-.

Fue buscándolos a ellos, que se me cayeron una noche. Donde mis deseos se conectaron con la historia. Fue mirándome en un espejo, donde recordé a mi Córdoba Señorial y de despliegue triunfal. Donde las escenas cambian, pero el capítulo es el mismo.

Fue en una tarde como aquella, donde volví a escuchar el retumbe finito de aquel grito interno, que te recordaba que pocas fuerzas tenían. Que ya estaban opacos y se peleaban entre ellos el pedazo de queso que logré me fiaran, en la tienda del Guata, que aún sigue en la esquina. Fue algo loco el estar allí, viéndolos cómo se rozaban y gruñían entre sí.

Me deleité en aquel momento. Pues de no haber sido por ellos, jamás había sentido nuevamente el olor a guayaba dulce, del jugo que siempre nos hacía mamá para la lonchera improvisada.

Suelo olvidarme un ratico del dolor que causa ya no tener el olor, el color y el sabor de un pueblo que lo atropelló el cemento y ahora se reúnen, pero mirándose las manos para no hablarse.

Afuera estaba mi mujer, pensando en lo que me diría, cuando cerca de mi estuviera y se diera cuenta, que el hombre al que dice amar tanto, se le habían caído los dientes, precisamente frente al espejo, que por cosas de la vida también se llamarían recuerdos como la abuela y una Córdoba. Que ya no están.

 

 

 

 

 

Mi Córdoba tropical

Por JC-leython-D

Me dicen que hay ocho Córdobas, todas las quisiera conocer, pero solo con la mía, yo les voy a convencer: Es que muy cerquita de la costa Caribe, en mí Colombia celestial, se extiende un colosal territorio, mi Córdoba tropical.

Conocida es por todos como la región del Río Sinú, bañada por impetuosos ríos el San Jorge y el otro lo sabes tú. En ella se yergue imponente, majestuoso y garrafal, el espeso pulmón de América…Córdoba tierra ancestral, rodeada de millones de manglares, bosques y jaguares, biodiversidad extensa y paisajes espectaculares.

Con treinta municipios que voy a mencionar: Montería es el primero y también su capital; le siguen en su orden Cereté, Planeta Rica y Sahagún, de “bullerengue”, corralejas y muchas fiestas en común. Luego Tierralta, Montelíbano, Valencia y Lorica, tierra encantadora que al que no pica mortifica.

Si de artesanías y fandango se trata, Momil, Chinú y San Pelayo es tierra grata, allí se baila “porro” y se practica cabalgata. En las llanuras, en los montes y en el mar, se asientan San Carlos, San José de Uré y San Bernardo del Viento, pueblos muy hermosos donde el santo vive contento.

Ni que decirles de Purísima, Pueblo Nuevo y Buenavista, allí todo es danza, baile y puro artista. Al otro extremo encontramos: Canalete, Los Córdobas y Puerto Escondido, muy cerca del mar y sobre todo divertido. Entre los artesanales Tuchín, Chimá y San Andrés de Sotavento, tierra del sombrero “vueltiao” que es todo un monumento.

Más al sur, La Apartada, Puerto Libertador y Ayapel, asentado en serranías de terciopelo y oropel. Están Cotorra y Ciénaga de Oro, tierra de “chicheme”, “diabolín” y cazabe, para paladar exquisito y para el que sabe, sabe. Finalmente llegamos a Moñitos y San Antero, donde el festival del burro… Es lo primero.

Todos son municipios de hermosos paisajes, con calor humano y baratos pasajes, con tierras buenas, productivas, ganaderas, fértiles y agrícolas, rodeadas de riquezas y de faunas infinitas.

Sus pobladores son personas amables, trabajadoras, alegres y sencillas, de costumbres ancestrales, nobles y familias. El hombre es fuerte y muy galante, la mujer es hermosa y despampanante. Les gusta el baile, el ron y la buena comida, al son de un “fandango” y una buena bebida.

Si de comer se trata, hacemos otro recorrido, nos vamos “pal” Betancí a comer un buen cocido. Ciénega de belleza sin par, donde se prepara “Bocachico” típico y muy natural. Parecido al de Lorica, o tal vez al del Sinú, se frita en una “paila” o  si en “viuda” lo prefieres tú. Se sirve en hoja verde llamada de Bijao, con yuca harinosa y arroz de coco o “guisao”.

También puedes comer carnero o la veloz cocá, se la empaco guisadita o simplemente pa llevá. Ni qué decir del pato “pisingo”, el que se come entre semana, el sábado o el domingo; se acompaña con verdura, “bollo limpio” o arroz de coco, que para no engordarse debe comer poco.

Me falta mencionar el chicharrón único y sin igual, de sabor crocante y muy particular. Es delicioso con “cabeza e´ gato”, yuca o patacón, se come solo o sino en “migajón”. Es un producto excelente, provocativo al paladar y de marrano crujiente.

No puede faltar el arroz “subio”, el “mote e´ queso” o la berenjena, que bendecido con suero, la cosa se pone buena. También hay arroz con pollo o sancocho de gallina para calmar el hambre y pa´ la gente fina.

También tenemos variedad de dulces y melcochas: “arrancamuelas”, “buchepavo” y “mongo mongo”, dígame no más donde se lo pongo, con cocadas de todos los sabores, muy bien elaboradas y de todos los colores.

Con bocadillo de plátano, de guayaba o papaya, para que usted se lo coma y nunca se nos vaya, si quiere lo acompaña con el popular casabito, con un bloque  e´ queso o así solito. Con una jarra de “guarapo” o llena de “guandolo”, fresco “enyucao” o se toma, así solo. No se olvide preguntar por las famosas “rosquitas” o los sabrosos “panderitos”, con chicha de mai´, o se comen enteritos.

En Semana Santa esto es lo mejor, dulces tradicionales se consiguen al por mayor. Pero si la sal es lo tuyo, el “quibbe”, los deditos o la “arepa e huevo” tradicional, con jugo de corozo es cosa angelical. Ni que decir de la caribañola, la empanada o los pastelitos de leche cortada, son muy deliciosos y no cuestan casi nada. El “bollo” de coco, de plátano o “colao” es una bendición, si no lo pruebas estas fregao.

En mi bella Montería, está la Ronda del Sinú, no hay nada parecido en España, Argentina o el Perú, allí encontraras un paisaje ecoturístico y muy ambiental rodeado de planchones y de un “fresco” fenomenal.

Debes caminar con cuidado porque es territorio del mono aullador, si no te das cuenta te lanza su hedor. También se pasea orgullosa su majestad la señorial iguana, que camina en los senderos como toda una dama.

En el trayecto hay mucha artesanía, productos por montones y variada gastronomía. Disfrutarás de árboles frondosos, sombra, y ciclo rutas, que puedes alternar con abundancia de frutas.

Para aprender de folclor, debes ir caminando por el sendero multicolor, observando una vista espectacular y de todo tipo de productos. Puedes pasear en lancha por el río agradablemente, cosa maravillosa que nunca paso por tu mente. Hace un rico calor y casi nada de frio, sales desde el centro o la orilla del río, al sur y al norte observarás dos puentes, de lo contrario te vas a las fuentes.

El río llega hasta la desembocadura de “Tinajones”, sendero espectacular y de muchos horcones. Allá te puedes bañar o comerte un rico pescado, con una pizca “e´ limón” para que no te caiga pesado.

En el trayecto te vas a cruzar con amigos que manejan mucho el folclor, que abarca el dialecto, cantos y bastante sabor. También habrá buenos expositores, poetas y varios escritores, con artesanías, bailes, costumbres, cantores y juglares.
He aquí algunos los más populares:El que partió su palo redondo que se lo eche al hombro / No es na´ uno morirse sino lo que dura uno muerto/ Andas más demorao que morroco y con flojera/¿Qué tiene que ver el caldo con la tajá?/ Más flojo que la quijada de arriba/ El ojo lloroso y le cae sal/ La carne no está en el garabato por falta de gato/ Hay unos que creen que el mundo es de ellos y los demás viven alquilados/ Mientras tanto dijo el que se casó con la maluca y ya tienen siete muchachos”.

Finalmente con mucho cariño te quiero invitar, que conozcas mi Córdoba, tierra ancestral, bañada por los ríos el San Jorge y el Sinú, paisajes muy hermosos, que jamás has visto tú.

 

 

 

En un lugar del globo terráqueo existe un departamento llamado Córdoba

Por  Adel Adrián Lopez Montilla

El departamento de Córdoba es una mezcla rica en cultura e historia. Quienes dieron inicio a lo que hoy tenemos y vemos en nuestro territorio cordobés, fueron son los indígenas Zenúes, quienes desde la época precolombina habitaron estas tierras.

También los negros traídos del África, durante la época colonial y por supuesto los árabes que llegaron de Siria y el Líbano, aunque para nosotros todos son los que hablan enredado y con acento particular son los “turcos”, por más que no sean de Turquía.

Todos esos personajes, de culturas diferentes, con pensamientos diversos, llegaron a estas tierras a darle ese toque especial que le dio vida, sabor e identidad al departamento de Córdoba.

La vida llega del agua y del agua se baña, y así es como el departamento cuenta con sus dos grandes ríos, el Sinú y el San Jorge. Casualmente nacen de la misma madre “el Nudo del Paramillo”, que después de mandarlos al mundo avanzan unos cuantos metros para luego ser separados por la “serranía de San Jerónimo”. Desde allí le dan fuente hídrica a nuestras tierras ricas en suelos y poderosas para sus cultivos.

Desde lo alto de estas tierras nacen estos ríos y testigo de esos nacimientos son nuestros indígenas Emberá Katio que al día de hoy aun se encuentran en lo alto del municipio de Tierralta (Córdoba).

“Pobrecito del Perú si se descubre el Valle del Sinú” esta frase ha identificado por muchos años y explica las riquezas que tienen nuestras tierras en el departamento de Córdoba. Riquezas que poseían nuestros ancestros indígenas Zenúes y que hoy son motivo de exhibición en algunos museos de Colombia.

En Córdoba tenemos la mejor gastronomía del país y quizás una de las mejores del globo terráqueo, la mezcla del negro, el indígena y el toque internacional con los libaneses y sirios, nos dan una variedad en el sabor y gusto para todos los paladares.

El sancocho de gallina criolla, alimentada con las semillas que la tierra germina como  el maíz, el sorgo, el trigo, arroz, frijol, yuca y plátano, le dan un sabor especial y delicia al plato. ¡Que decir de la viuda del pescado Bocachico salado!, servido en hojas de bijao, acompañado de plátano, yuca y ñame, y de bebida un jugo de limón para calmar la sed.

También tenemos el mote de queso característico de nuestra región y de los “turcos”, el famoso Quibbe con buen picante.

Pero si hay algo que nos identifica ante el mundo y nos caracteriza, es su gente, su cultura, su tradición. Somos ricos en nuestra diversidad cultural, músicos, escritores, poetas, decimeros, compositores, y bailamos lo que sea.

Le hacemos fiesta a todo, como lo es el reinado campesino, el reinado del oro blanco, o sea el algodón, reinado al bullerengue “ritmo musical” a la cumbiamba, a la “chicha”, bebida de maíz. También tenemos  festival del Burro en San Antero en donde las candidatas no son mujeres si no las burras disfrazadas de personalidades importantes.

También contamos con la Feria de la ganadería, el reinado del rio Sinú, Corralejas de toros bravos en casi todos los municipios del departamento, costumbre que tiene mas de cien años y que llegaron de los españoles, carreras a caballo, peleas de gallo, etc.

Es por eso que nuestro periodista costumbrista Augusto Amador, con su tono de voz que parecía que estuviese roncando siempre, decía por la cadena radial: “Fiestas y más fiestas en el departamento de Córdoba, gente amable y trabajadora, tendremos carreras a caballo, peleas de gallo, música de banda, comidas y mucho más, al mismo se le informa a la familia Lopez Herrán que coloque un medio de transporte (burro o caballo) ya que su familiares van rumbo a las festividades”. Eso si era bonito escucharlo y ahí estaba la esencia de nuestra cultura.

Toda fiesta necesita sus artistas y de eso ni hablar, por eso celebramos el concurso de bandas de viento más grande del país: “El Festival Nacional del Porro”. Se trata de un ritmo musical que combina instrumentos de percusión que nos dejaron nuestros indígenas como el bombo, el redoblante y los instrumentos de vientos que llegaron de Europa, como el bombardino, trompetas, clarinetes, trombones etc.

En el Festival Nacional del Porro sale al ruedo otro de nuestros elementos insignias de Córdoba: El Sombrero Vueltiao, herencia de los Zenúes, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por Unesco.

Se encuentra elaborado con la fibra de la caña flecha, que en su mayoría es cultivada en los patios de la casa. El cordobés va al fandango se coloca su pinta, compra las velas y se pone su sombrero vueltiao.

Es tanta la riqueza que tiene Córdoba que ya hablamos de su riqueza natural, su riqueza gastronómica, sus eventos culturales, sus fuentes hídricas sin mencionar lo mejor de esta región, sus poetas, escritores, cantantes. Haré mención a alguno de ellos:

Al maestro Manuel Zapata Olivella, de quien los cordobeses recibimos toda su riqueza léxica literaria afrocolombiana.

Raúl Gómez Jattin poeta colombiano radicado en Lorica, Córdoba y a quien le debemos todo ese estilo extraño de hacer poesía, ya que rompió el esquema natural de la prosa y la convirtió en algo diferente para leer con el aporte de la cultura libanesa.

Pablo Flórez, el mismo de los “sabores del Porro” el que se le dio por decir: “Mi porro me sabe a todo, lo nuestro de mi región, me sabe a Caña me sabe a Toro, me sabe a fiesta, me sabe a ron”.

Ramon Lopez Herrán, uno de los fundadores de la Fiesta del campesino en Córdoba, que se celebra en el corregimiento de Rabolargo (Cerete) y uno de los patrocinadores de la Banda 11 noviembre de Rabolargo, ganadora de muchos festivales del porro. Hombre de costumbres y dichos, el cual de manera inédita ningún medio ha registrado la importancia que este personaje tuvo en la historia del folclor cordobés.

Y para resaltar la belleza de la mujer cordobesa, inteligente y trabajadora que engalana los pastizales verdes de nuestras tierras llenas de cultivos y frutos del campo, algunas son altas, otras bajitas, morenas, blancas, negras, pero lo mejor de la mujer de Córdoba es su pujanza y fortaleza de nuestra sociedad.

En fin, Córdoba con su capital ganadera Montería, es de orgullo nacional y cultural de Colombia, primer departamento que le da la entrada al resto del país con la costa atlántica.

Tierra de cantores y poetas, gente amable y cariñosa, honesta y trabajadora, pujante y emprendedora. Acá contamos con blancos, hay negros, amarillos, costeños, cachacos, paisas, que se amoldaron a un pueblo que dan ganas de vivir y de visitar.

Tiene 30 municipios con características diferentes, culturas diferentes, playas hermosas como Playa Blanca y minas grandiosas, como la de Cerro Matoso, considerada una de las minas de Ferroníquel más grande del mundo a cielo abierto y que se encuentra ubicada en el municipio de Montelibano.

El departamento de Córdoba te espera con los brazos abiertos. ¡Danos la oportunidad de mostrarte un paraíso terrenal!.

 

 

 

Córdoba ancestral

Por Rodrigo Acevedo Marsiglia

Ubicado al norte del territorio nacional, como si fuese el testigo fiel del encuentro encantador y sublime de las aguas del mar Caribe, el océano atlántico y los ríos Sinú y el San Jorge que lo rodean; Córdoba constituye el grupo de los 32 departamentos de la república de Colombia.

Hacer mención de “Córdoba”, es evocar la historia que reposa en los empolvados diarios de los españoles que apuntaron un dato de la conquista de la primeras expediciones por el río Sinú hace más de 6000 años.

Además es hacerle una venia de honor al gran general de todos los tiempos,  prócer de la independencia y la libertad de Colombia: José María Córdova. Pero también, es recordar al indio zenú, es contemplar las tradiciones y disfrutar de una exquisita cultura perfumada por los mangos y las veraneras.

Su fundación referencia un período comprendido entre 1500 hasta la emancipación de la corona española, en las dos primeras décadas del siglo XIX. Lapso durante el cual  los españoles crearon poblados  e impusieron régimen político, social, religioso y cultural, lo que más tarde se vería reflejado en algunas costumbres y tradiciones.

Todo este proceso conto con la participación de Rodrigo de Bastidas, Alonso de Ojeda y Martin Fernández de enciso, quienes en 1501, reconocieron la fuente fluvial de riqueza representada en el río Sinú, a la que llamaron el litoral cordobés.

Tras constantes modificaciones, cambios y el progresivo avance de la conquista y la creación notable de poblados, se logró la creación del departamento de Córdoba, por ley 9 del 18 de diciembre del 1951. Fecha que más tarde fue reglamentada el 18 de junio de 1952.

Pero más allá de este referente histórico, que si bien es considerable citar, resulta un hecho fascinante hablar de la Córdoba indígena zenú, la Córdoba ancestral, la que hace eco con el  río Sinú  y con la  cultura arcaica.

Esta Córdoba  que sigue viva en medio de los matorrales, de los montes y  del beso de los cerros con las nubes. Esa Córdoba de legados ancestrales, culturales y religiosos. La Córdoba permeada de magia en sus paisajes,  la  que sabe a fiesta, la que sabe ron, la que sabe a toro y a bocachico frito.

La Córdoba de donde hace tiempo se fue  la mujer aventurera y hasta hoy no se sabe a dónde está. La Córdoba que a orillas del río Sinú tiene ensueños de amor mientras ve caer la tarde.  La  Córdoba que mueve sus caderas al ritmo de María Varilla y se cubre del sol con el sombrero vueltiao.

Esa  Córdoba mítica y llena de encantos,  terruño de verdes praderas y cielo de encajes, tejidos  por los ancestros zenúes con hilos de historias, que por generaciones viven  manifiestas entre sus pobladores.

Dice la leyenda de la antigua cultura zenú, que en el principio del mundo todo era oscuro y frio, las tierras eran húmedas y en el firmamento no brillaban las estrellas. Tampoco había seres vivos,  ni ningún atractivo y que solo imperaba el silencio que acompañaba a los dioses MEXIÓN y MANEXCA a quienes se les atribuye la creación de la naturaleza y la raza humana, que empezaron a poblar el inmenso valle del Sinú .

A nuestro saber, los Sinúanos o zenúes, son un grupo de  aborígenes colombianos, cuyo territorio ancestral esta acentuado en los valles del río Sinú, el  San Jorge y el litoral Caribe que rodea el golfo de morisquillo; de allí la significativa importancia del legado cultural dejado por este grupo primitivo  que data de los años (1500) y que permanecen hasta hoy como un manual de sabiduría ,  de costumbres , de  tradiciones y de  creencias  marca identitaria y representativa del patrimonio cultural de la nación.

Algunos referentes de este legado, hacen parte de la cotidianidad  cordobesa, entre ellos, la medicina tradicional zenú, fundamentado en las plantas yerbabuena, orégano, yerba santa, toronjil, ajonjolí, entre otras para preparar los brebajes curativos y curar los males del cuerpo.  A este poder curativo atribuido a las plantas, se le suman los rezos y los conjuros, que además ahuyentan los malos espíritus.

El consumo de alimentos, la alimentación del pueblo menú se basa en el maíz, el plátano, el ñame, la ahuyama, la yuca, la batata, además de las carnes de res, cerdo, gallina y pescado.

Las creencias ancestrales y religiosas, basadas en los mitos, las fábulas, los cuentos ,  las leyendas , los ritos , los conjuros , las oraciones y la santería reconfortan el referente de la existencia de seres superiores ,  en la deidad , en los duendes,  los mohanes y encantos .

Las artesanías, este es sin lugar a duda uno de los legados que sobre sale en nuestra sociedad constituyendo un aspecto relevante en la sociedad colombiana, representado en el sombrero vueltiao, los canastos y los accesorios elaborados por nuestros representantes de la etnia zenú. Se realizan  a base de caña flecha, bejucos, iraca, enea, junco y barro.

Las palabritas misteriosas, los aborígenes zenú, también han contribuido a la construcción de nuestro lenguaje popular repetimos constantemente un sin número de palabras. Decimos por ejemplo: sinúano día, sinúano noche, metro Sinú, manexca, momil, chinu, chima, la ronda del Sinú, entre muchísimas otras palabras  que le dan  vida al lenguaje ancestral.

Así es  la córdoba zenú; una caja de encantos ancestrales; una memoria nostálgica que evoca el pasado histórico y mítico  en cada rincón rodeado por las aguas del Sinú, un poblado trietnico que lleva en alto la distinción ancestral que lo hace único.   Y si así es córdoba. Entonces, es una dicha  ser cordobés.

Colombia y Argentina las une una ribera llamada “Córdoba”

Por  William “Liam” Puche Barraza

El día empieza y la rutina intenta acercarse a las manecillas de mi reloj. 4 de junio del 2010. Todos los planes que haré en mi día ya están organizados en orden cronológico y alfabéticamente. Todo salvo una cosa: encontrarlas sin buscarlas.

Un email de un amigo en común –Juan Lanús Rieznik– es quien me dice que ellas existen y que están pasando por Medellín, Colombia. Una llamada de un número desconocido a mi celular fue la prueba de que todo lo que sucedía era cierto:

–“Hola, Willy. ¿Cómo estás, che? Te habla Yani, la amiga de Rulo. Él me dijo que podía hablarme con vos. Estamos en Medellín. ¿Podemos vernos?”–.

Luego de fijar nuestro punto de encuentro –en la estación Aguacatala del metro–, reconocerlas no fue, en lo absoluto, algo difícil. Cargando cada una su mochila Deuter, y para alivianar peso, dos maletines más al hombro, Aldana Gómez Agüero, luciendo un simpático gorro frigio de color rojo; y Yanina Belén Aguirre, de cabello castaño, esperaban con el mismo misterio que yo, nuestro encuentro.

Luego de contar varias historias, de compartir un poco de música de cada lugar a donde llegaron, y tras varias cervezas acompañando los fideos vegetarianos que cenamos en mi apartamento, les planteé una pregunta con trampa cuya respuesta me pareció que era casi obvia:

–“Tengo algo de mate de mi último viaje a la Argentina, ¿quieren tomar?”–.

La respuesta –casi al unísono– fue un grito casi parecido al festejo de una eufórica barra brava cuando celebra el gol de la victoria en un partido de fútbol.

–“Esto vale celebrarlo. El mate me recuerda mi casa: mi vieja, mis amigos, todo. ¡Qué grande, ché! Voy a poner algo de música. ¿Te gusta Yann Tiersen?”–, me dijo Aldana mientras se quitaba su sombrero rojo dejando ver claramente cómo su cabello negro –hecho dreadlocks– combinaba a la perfección con los ojos color aguamarina que adornaban su pecoso rostro.

Mientras el violín de Tiersen en Sur le fil invadía tenuemente cada rincón de mi apartamento, me era imposible no mirar los exóticos aretes, pulseras, tobilleras y collares que Yanina vestía sobre su cuerpo color canela bronceado.

–“Todo lo que pueda vestir trato de hacerlo con mis manos. En el viaje aprendí muchas cosas, ¿viste? Las manualidades fueron una de ellas. Nos vestimos con ropa reciclada prácticamente”–, me contestó sonrientemente Yanina, mientras dejaba escapar una bocanada del Piel Roja que sostenía con su mano izquierda.

En ese momento pensé qué irónicas son las palabras polisémicas. Ellas de la provincia de Córdoba en la Argentina; y yo, del departamento de Córdoba en Colombia. Ellas con el río Suquía y yo con el río Sinú: allá con Rodrigo “El Potro” y acá con Noel Petro “El Burro Mocho”. Ellas, provenientes de la tierra de mujeres productoras; y yo, nacido en la tierra ganadera de mi país.  

 Significados con nociones opuestas pero que comparten en el trasfondo la misma historia, sólo que de manera diferente, en un territorio común llamado Latinoamérica.

Quién pensaría que en la actualidad, tanto la ciudad de Córdoba, como Montería, la capital de mi departamento, compartirían –cada una a su estilo– un sendero peatonal lleno de cultura y alta vida comercial, bautizado con el mismo nombre: “Paseo de las Flores”.

O que uno de los puntos más icónicos de la trama urbana en ambas capitales, estarían ubicados de cara a cuerpos de agua: la Cañada de Córdoba y la Ronda del Sinú de Montería. Tantas similitudes a pesar de las diferencias.

Sin dudarlo un segundo más, encendí mi grabadora de voz y empecé a preguntarles cómo se encara un viaje recorriendo Suramérica bajo la asombrosa proeza de la improvisación.

Aldana se animó voluntariamente a responder mis preguntas. Mientras tanto, Yanina empezó a practicar swing de banderas en el balcón. Las banderas parecían una extensión armónica de su cuerpo que se ondulaban al ritmo de Giros de Fito Páez.

William Puche (W.P): Mochilero y turista, ¿cuál es esa diferencia?

Aldana Gómez (A.G): Y mira.. El turista es quien sale a viajar en las vacaciones que tiene, en el momento que se lo permiten. Eso no significa que esté mal, pero bueno, para hacerte la diferencia con nuestro estilo de vida, tengo que decirte esto. En cambio, el mochilero sólo dice: “Me voy y no sé cuando vuelvo”. Nuestro trabajo es viajar y cuando no estamos trabajando, también viajamos, así que todo el tiempo estamos en la ruta. Elegí ser mochilera para viajar, para aprender. Me gusta conocer lo desconocido. El viaje te sorprende en cada paso del camino.

W.P: ¿Cómo se vive el día-día en la ruta?

A.G: Y la plata es un mal necesario, ¿viste? ¡Y sí! Hay que comer: ¡no se vive del aire! Trabajo en los faros (semáforos) haciendo malabares y jueguitos. En Córdoba ya lo hacía así que se me hace re copado. También hago artesanías, manualidades (pipas de caña), tejidos (macramé), alpaca (filigrana), todo es actitud. A punta de malabares, aunque no creas, puedo comprar una tierra y construir un hogar.

W.P: ¿Qué se aprende en sí en el camino, Yanina?

Yanina Aguirre (Y.A): Aprendí a respetar opiniones y tomar decisiones. Aprendí a sacarme la mala onda y, ante todo, aprendí a caminar. ¡Qué copado!

W.P: ¿Alguna experiencia inolvidable durante este trayecto del viaje?

Y.A: En las playas de Manglaralto (Ecuador), aprendí a surfear. Hice sandboarding en el desierto de San Pedro de Atacama (Chile). Conocer Machu Pichu (Perú) ha sido increíble: mucha historia, el espíritu nativo aún permanece allí. Se puede tocar las nubes en ese lugar.

W.P: ¿Y la experiencia en Colombia cómo ha sido?

Y.A: Este es un país que todos los mochileros amigos que hemos conocido nos han recomendado por sus playas. A Colombia entré por Rumichaca, luego Ipiales; de ahí Pasto hasta Popayán. Me enamoré profundamente de Cali: ¡Qué grande esa ciudad! Andaba todo el día bailando salsa brava. Esta canción me la aprendí de tanto cantarla: “Cali pachanguero / Cali, luz de un nuevo cielo”. ¡Qué temazo!

W.P: Luego de esta parada en Medellín, ¿siguen para la Argentina?

Y.A: La idea es llegar a Argentina pero sin planearlo. El próximo destino es lo desconocido. Aunque la verdad es que queremos conocer San Agustín (Huila).

W.P: ¿Cómo viven el amor? ¿El amor cambia algo?

Y.A: Y es como todo, ¿viste? Si queres cambiar tu ruta, podes hacerlo por alguien. Siempre se viene y se va desde un camino. No nos negamos a enamorarnos, nos encanta el amor. Nos la jugamos por amor: nunca por el miedo.

Fueron muchas las historias de viajes que se relataron mientras Aldana y Yanina estuvieron de visita en mi casa; unas fueron felices y otras no tanto. Sin embargo, en cada narración, recorríamos con nuestra imaginación el continente latinoamericano con sus luces y sombras.

Más cercanos que desconocidos, ellas  se sintieron “en casa”, en el hogar de otro cordobés nacido con una nacionalidad diferente. A más de seiscientos mil kilómetros de distancia encontraron en mi patria, los colores de su bandera.

Éste es sólo un fragmento de vida de dos personas que coincidieron en mi camino para contarme la misma historia: llegar sin pensarlo y acercarse sin pedirlo. En otras palabras, viajar dejando atrás el miedo… Una lección aprendida que jamás he olvidado.

Crónica de mi departamento Córdoba

Por Alfonso Manuel Méndez 

Córdoba, es un departamento pluricultural y pluriétnico que cuenta con diversas manifestaciones artísticas. Cuenta con 30 municipios. Iniciare mi narración en el municipio de Tuchín, cuna del “sombrero fino vueltiao”, símbolo nacional, donde se vierten todas las expresiones culturales.

Todos los años, en la primera semana del mes de enero se realiza la Feria Artesanal y Cultural del Sombrero fino vueltiao, en la cual se hace homenaje a alguno de los gestores y actores culturales, vivos aun y/o fallecidos. Allí se dan cita expositores de nuestra cultura artesanal.

En el Resguardo Indígena Zenú, la fibra de la caña flecha es la materia prima para tejer la trenza que se utiliza para confeccionar el sombrero fino de los indígenas. Un sombrero debe pasar por varios procesos, iniciando desde la cosecha de la palma hasta la costura de la trenza. Además del sombrero también se confeccionan bolsos tapetes, billeteras, etc. con la misma fibra, conservando siempre el color de la tradición: blanco y negro con algunas innovaciones.

En el marco de dicho evento, se realizan varios concursos: el mejor sombrero fino, el trenzador más rápido, la mejor pinta, el costurero más rápido. El mas rápido tomador de “masato” con una porción en totuma grande. Esta bebida es hecha de maíz criollo o nativo.

Se lleva a cabo también el Concurso de diseñadores de modas en caña flecha, donde un jurado escoge a las mejores prendas que luego se presentan en Expo moda de la feria. Parte de ese vestuario en caña flecha, es utilizado por las candidatas del reinado municipal.

Asimismo se presentan en la tarima, conjuntos musicales de acordeón, bandas de viento, pitos, tambores, decimeros, cantadores de monte y vaquería. De igual manera, lo hacen los grupos de danzas locales y departamentales guardando las características tradicionales en su vestuario.

También teatreros organizados, quienes muestran su obras basadas en los cuentos, mitos, historias y leyendas ancestrales. Los nativos y sobre todo las mujeres se visten para la fecha con vestimentas llenas de colorido que resaltan y le son características.

En esta feria, además del sombrero, se muestran otras manifestaciones culturales del municipio y la región, como la gastronomía. Se ofrecen platillos como el Sancocho de pescado; el revoltillo de babilla; el revoltillo de pescado ahumado (bocachico); el mote de queso con ñame criollo, candia y/o berenjena, acompañado con bollo de maíz o yuca.

La bebida tradicional es a base de maíz nativo con algunas variedades. Se destaca la chicha agria fermentada, o masato. La bebida fermentada o licor es denominada “ron ñeque” o “furuzo” fabricada en alambiques tradicionales.

Los indígenas Embera Katios, elaboran artesanías en bisuterías o piedras, de igual manera, las atractivas “chaquiras” para pendientes anillos, pulseras y pectorales.

Del pueblo de San Sebastián, llegan los artesanos en orfebrería con sus vasijas de barro: ollas, tinajas, cazuelas, alcancías y figuras recurrentes a la tradición.

En cuanto a la manifestación musical, San Pelayo, realiza el Festival Nacional del Porro, con participación de los grupos musicales del país.

De los municipios San José de Ure, San Antero, Moñitos, San Bernardo del Viento, Los Córdobas, Lorica, Canalete, Puerto Escondido, los hermanos afro descendientes, se presentan con  dulces de papaya, panelitas de leche, bollitos de coco y otras frutas. También con las famosas “alegrías” de millo, golosina cuya  presentación es en bolas con dulzura de panela.

En estos municipios de habitantes afro descendientes, se celebra El día de la raza; el día de las Madres; el día de la Afrocolombianidad; así como la Feria grupal escogiendo un municipio para su celebración.

Allí se exhiben los mercados verdes de las regiones con plátano, ñame, yuca, hortalizas, plantas medicinales de los cuales se elaboran productos como empanadas, motes y sancocho con cabeza de pescado de mar, enyucado, casadilla con coco, jarabes para la gripe y pomadas.

En Montería, capital de Córdoba, se realiza El Festival del Duce sobresaliendo el dulce Mongo Mongo.

Chino, se destaca por sus artesanías con cuero desde calzado y aperos para caballos. Por su parte las minorías ROM o gitanos, son expositores artesanos de cuero como monturas o sillas para caballos, aperos y telares.

 

La Córdoba donde vivo

Simón del Cristo Ramírez Villadiego

Chinú fue descubierto como asentamiento indígena y fue colonizado por los hermanos Pedro y Alonso de Heredia en el año 1534. Es uno de los municipios más antiguos municipios del departamento de Córdoba, con más de 480 años de historia.

El nombre de Chinú se debe a sus pobladores aborígenes, los Chenus y al Cacique Chanu, marido de la Cacica Tota, de mucho renombre por ese entonces.

Existe una diversidad de elementos que constituyen la idiosincrasia chinuana. Es costumbre de merecida fama, el de ser una sociedad culta, su don de hospitalidad y un alto grado de caballerosidad que distingue a sus moradores.

Es costumbre chinuana, colocarse o calzarse un par de abarcas tres puntas, fabricadas por el Cipriano Romero, el más típico talabartero fabricador de abarcas del municipio.

Es costumbre chinuana viajar a Sahagún, Sincelejo u otro pueblo vecino, en un Jeep- Willi. También es costumbre, regresar a su terruño y rendir culto a nuestro Santo Patrono, San Rafael.

Es costumbre chinuana esperar a las 5 am los pregones de los vendedores de yuca y otros productos que vienen del corregimiento de San Mateo. Es costumbre chinuana tomarse un tinto caliente a las 3 pm donde el vecino, en compañía de una galleta de soda.

Es costumbre chinuana, escuchar en la horas de madrugada un gua paje, como muestra de jolgorio; como así también, reunirse en las noches lluviosas en la sala de la casa, para escuchar cuentos y leyendas.

La tradición chinuana se incluye en el grupo de las culturas costeñas, la cual se caracteriza por su buen humor, extrovertido, rumbero y culto.

Las tradiciones chinuanas son de carácter religiosas y profanas. El 24 de octubre es el día del Santo Patrón, San Rafael arcángel. Ese día, los chinuanos se visten de gala, disfrutan de la santa eucaristía como así también de la procesión por las principales calles del municipio.

Chinu es un pueblo transportador, por lo que el 16 de julio, se festeja tradicionalmente el día a la Virgen del Carmen, Patrona de los conductores. También se celebra la fiesta a San Pedro y San Pablo, San Roque, La Concepción y la  Semana Santa.

Se destacan en estas tierras, importantes artistas en todas las manifestaciones del arte: la pintura, las artes escénicas, músicos, poetas, declamadores, entre otros.

Un legado cultural de Chinú es la banda de música de viento armonía San Rafael. Cuenta con 14 integrantes, bajo la dirección de Ramiro Morales Bravo. Por su repertorio musical y el reconocimiento en distintos eventos, ha participado en los carnavales de Barranquilla, el 20 de enero en Sincelejo, en el Festival Nacional del Porro y en San Pelayo, obteniendo el primer puesto en la modalidad fandango.

Otro instrumento musical de gran influencia en nuestro municipio, es el acordeón. Se pueden mencionar a los hermanos López, los Caña Guateros, Los Hermanos Zuletas, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez, Colacho Mendoza, Los Betos, entre otros músicos destacados.

Cabe destacar que el festival de acordeoneros y compositores de Chinú, los acordeoneros y compositores, disputan el trofeo takazuan de oro y el chinuano de oro.

Otra modalidad musical que ha alcanzado el éxito en nuestro municipio, es la guitarra que cuenta con tríos y duetos importantes que amenizas fiestas, serenatas y reuniones sociales. Sobresale el trio añoranzas de Edgar Carranza, el solista Iván Otero Martínez, Jesús Ruiz Y Juan Vaquero, Gustavo Figueroa.

Otra manifestación musical es la gaita, en representación de la Corporación Gaitas y Tambores de Chinú.

En el campo de las letras, se destacan los escritores: Sebastián José Feria Mercado “Donchatan” (1881 – 1960); Eustorgio Martínez Fajardo; Efraín Alvis Betin; Luis Felipe Pineda (autor libro oro de guaca); Rafael Guevara Figueroa (autor de las letras del himno de Córdoba y el del municipio de Chinú); Carlos Morón Díaz; Blas Montoya Llanos; Martin Ismael Tuiran Alvis (Chinú 1925 – Barranquilla 2011); Arístides Ojeda Zapa y Gabriel Cruz Díaz.

En la actualidad, Chinú tiene una nueva generación de escritores como son: William Fuentes Ramos; León Fidel Ojeda Moreno; Reinel Díaz Herazo; Miriam Castillo Mendoza; Carmen Morales; Eliecer Betin; Ruber Burgos; Jairo Buelvas; Roger Montiel; Audy Figueroa; Remberto Morales, entre otros.

En lo que respecta a las tradiciones folclóricas, son un arraigo de la vida misma de los moradores de nuestro pueblo. La danza como tal es una expresión viva e inmersa en la naturaleza del ser mismo.

Con la danza el ser humano manifiesta de forma corporal las emociones, los deseos de vivir y el agrado de existir. Como actores vivos de nuestra tradición dancística podemos mencionar a Carmen Rosa Palacio Mondragón; Carmen Cecilia Arrieta Mercado; Ena Luz Pérez de La Rosa, bailadora de fandango de la década de los 50.  También a Ingri Pretel Busto; Lupercio Vergara; Cristo Castillo; Julia Cristina Avilés y Adolfo Vergara.

Las manualidades forman parte de nuestra cultura ancestral. Podemos  mencionar entre otros, al tallador Luis Zapata; al tradicional fabricador de abarcas tres puntas, Cipriano Romero; al tapicero Pedro Segundo Vergara; al talabartero Cesar Pacheco y a la tejedora de trenzas del sombrero volteado, Bertha Páez.

Desde el siglo pasado han sido muchas las personas de este municipio que se han dedicado a la fabricación de las afamadas abracas tres puntas con gran aceptación en nuestra región. Sin embargo, esta labor artesanal ha ido evolucionando y perfeccionando para dar paso a nuevas formas de producción en este campo, surgiendo una gran cantidad de pymes que surten al comercio del calzado a nivel local, regional, nacional e incluso por su gran calidad.

Otro producto nuevo es el bejuco Chinú, que no es más que tiras o tiritas de caucho, sacada de las llantas de camión. El creador de esto, fue Mariano Rafael Ojeda Ramos, es comercializado en el pueblo y la toda la región caribe.

También se destaca la alfarería y  la producción artesanal de ollas, múcuras a base de barro.

Respecto la cocina de nuestro pueblo, se trata de un saldo de memorias que se reactiva cada vez que comemos. Los principales platos que se elaboran son: Mote de queso acompañado de arroz blanco, con bollo limpio; Sancocho y viuda de carne sala o salada, acompañada con yuca harinosa o plátano pintón, o ñame criollo cocido y sancocho de gallina criolla, acompañado de arroz apastelado.

Además de los componentes de un buen desayuno propio del fogón chinuano como: queso, suero, ajonjolí, yuca y ñame, acompañado de un buen café con leche, o una taza de chocolate de bola.

Esto se puede combinar con algún tipo de bollo de maíz que pueden ser el bollo poloco, el bollo chocliao, el bollo cariaco, el bollo limpio.

Chinú gastronómicamente producía en otras delicias como yabolines tradicionales en las noches en el Parque principal, empanaditas, galletas de soda con limón o panela, almojábanas, bollitos de coco.

El pueblo chinuano conserva tradiciones, costumbres, festividades y es cuna de diferentes artistas, poetas, artesanos y músicos, que caracterizan la identidad de este municipio.

 

El velorio del santo

Por Dayler Sadith Lenes Pacheco 

El viejo Pacho y Manita vivían en la casa grande de El Fango, llegaron por allá en 1940, recién casados, allí nacieron sus seis hijos, incluido Pedro Pablo que murió a los pocos días de nacido. Además, criaron a sus nietos, sobrinos y primos de Manita, pues la generosidad de la pareja era grande.

Lole, la mayor de las  mujeres se había casado muy joven, escasamente alcanzaba las 19 primaveras cuando fue al  altar con Miguel y se quedaron a vivir en El Fango.
Pasados los tres años y medio, de esa unión, habían nacido una niña y un niño. Sin embargo, el niño cumplido el año comía poco y seguidamente vomitaba lo que comía. Tanto así, que una mañana del lluvioso octubre cuando Lole le estaba dado su tetero de “mazamorra de papoche”, el niño en un rebote estruendoso vomitó todo y su estomaguito se distendió de tal manera que parecía un globo, pero de cemento.

Manita le hizo de cuanta bebida natural pudo agua de hierba buena, orégano y toronjil. Le untaban valenciano en cruz, aceite quemado, aceite de corozo y nada, el estomaguito no rebajaba. Su estado preocupaba y el llanto del pequeño no cesaba. En la vereda no había puesto de salud y el hospital del pueblo estaba como a un día de camino. Por ello, Manita tomó una decisión y con voz fuerte dijo a Lole y su hermana: -Se van para donde el doctor Alirio ya mismo, antes que llueva y oscurezca. Cuando el viejo Pacho regrese de Venado, las va a esperar en la entrada de Pastelillo, no se muevan de ahí hasta que él llegue.

Les dio la bendición y las encomendó diciendo: “Que la Virgen las acompañe y Santo Domingo Vidal interceda para que el niño se alivie, regresen con bien y no les pase nada en ese camino, así se lo pido con la promesa de hacerle un velorio rezado y bailado”.

Después de pasar el caño de Aguas Prietas que estaba crecido y salir a la carretera que iba a Chimá, llegaron donde el médico a eso de las 4.00 pm, la salita de espera estaba llena de pacientes y para remate el médico había salido a ver un paciente. La espera fue eterna, entre el llanto del niño y la amenaza de lluvia pasaron las horas hasta que el médico apareció.
Por petición de la esposa que ya había escuchado la odisea de las mujeres, éste fue atendido de primero. Luego de aplicarle una inyección y darle algunos masajes en la barriguita el niño fue calmando su llanto y rebajando la distensión. El mismo médico les vendió los medicamentos y salieron más tranquilas.

Casi llegando a Pastelillo, las mujeres se detuvieron a intercambiar la carga del niño, pues Lole se sentía mareada. Estaban en eso cuando vieron dos luces como las de un carro. Efectivamente era un carro, éste pasó casi rosando sus faldas, pero lo curioso fue que no vieron a nadie conducirlo.

¡¡Ave María Purísima!! Dijeron, se persignaron y repitieron la promesa al santo, hasta llegar al sitio convenido donde las esperaba el viejo Pacho y el primo Cleco con la barqueta.

Ya en la casa, Manita las recibió con un crucifijo y el cuadro de Santo Domingo Vidal en mano.

-¿Cómo está el niño?, preguntó.
-Mejorcito, mamá -dijo Lole- viene dormido.

Las hermanas estaban tan cansadas, pero no fue impedimento para que Isabel contara lo del carro fantasma. -¡Si ven!  -exclamó- Manita, Santo Domingo las cuidó, no les pasó nada y el niño está aliviado, hay una promesa por cumplir. Cuando tenga 12 años este muchachito le hacemos el velorio al santo, rezado y bailado. Por ahora no se le cortará más el cabello hasta que cumpla 10 años y se lo guardamos.

Cumplidos los 12 años del niño, se hizo una reunión para los preparativos. En la reunión alguien preguntó, ¿y cuándo sería ese velorio mamá? Ya toca hacerlo el próximo año, porque la Naña (hermana de Manita) estuvo ayer apartando fecha para el 20 de julio y ya no hay ni para diciembre. El cuaderno está lleno.

Así que el domingo vamos a Punta Verde a apartar la fecha. Opinen: ¿qué fecha escogemos?

-Bueno entonces que sea para mi cumpleaños dijo el viejo Pacho, el 6 de diciembre. -Está bien- dijo Manita, pero recuerden que son dos días de fiesta.

Ajá mamá, pero ¿cómo es eso de hacerle velorio a un santo? Preguntó la hija mayorcita de Lole, bastante interesada.

-Mija, es una fiesta que se le ofrece a un santo por un milagro concedido. Entonces se le hace un altar al santo, se adorna con palma de coroza y flores, se encienden velas y se coloca un cofrecito para las ofrendas.

Las personas que vienen, la mayoría de las veces son familias completas, y las mujeres le rezan (Padre Nuestro, Ave Marías, Credo) y le llevan milagritos de plata o de oro por los favores recibidos. Es por eso, que una persona seria tiene que hacerse responsable del altar, porque luego llegan los amigos de lo ajeno y se llevan algo, -uno nunca sabe-..

Y siguió contando: Por la noche se hace una fiesta de salón, algunos ponen un pickot, pero lo bueno y rimbombante es que sea con banda, al día siguiente continua el baile desde por la tarde, eso sí, hasta que amanezca. Se venden galletas, panes, fritos, chichas y todo lo que sirva para pasar la noche de fiesta.

La nieta siguió preguntando, ¿por qué tienen que ir a buscar el santo a ese paraje, si se puede comprar un cuadro en el mercado el domingo?

-Muchacha- exclamó Manita, la pintura de ese cuadro es sagrada, fue la que él mismo se hizo cuando estaba en cama antes de morir, por eso es milagrosa.

-Si señora, asintió la muchacha como con pena.

No se diga más, así quedamos para los días 6 y 7 de diciembre del próximo año es el velorio.

Se iniciaron los preparativos. Lo primero fue conseguir la banda de músicos, buena y reconocida, por eso se contrató a la “Ecos de la Candelaria de Cereté”, quien alternaría con el potente Pickot del Licho, ya que éste contaba con planta de energía propia.

En la casa iniciaron las mejoras y remodelaciones. Un kiosco grande para el altar del santo, un cuarto especial para los músicos (que en adelante fue llamado el Castillano, debido a que la banda era dirigida por el maestro Castilla). Mesas y silletería propia hecha con madera de la punta de monte.  Se destinaron a engordar dos cerdos y una novilla para la comida de los músicos e invitados que llegarían de otras veredas y corregimientos.

El esperado 6 de diciembre llegó, expectativa pues era tanto tiempo sin fiesta en la región. Las primeras señoras empezaron a llegar a las 5.00 pm y más que para rezarle al santo, era más bien para fisgonear un poco acerca de los preparativos. Ante lo que pudiera decirse que se quedaron viendo un chispero, porque todo está listo y perfectamente preparado, tanto que todos los frutales de la casa se le habían recogido sus frutos para evitar que los muchachos hicieran de las suyas con ellos.  Así mismo la cantina y los tiquetes para bailar las piezas musicales serían administradas por el primo Joaco y sus hijos. Además de acompañar en el Altar.

A las seis de la tarde llegó la banda y reventó un incomparable “vámonos caminando” para que la gente supiera que la fiesta era segura. Y a las 9:00 PM, tal como decía el contrato la “Ecos de la Candelaria” empezó a sonar el repertorio que inició con otro fandango “Tres Clarinetes” y cerró a las 3.00 de la madrugada.

El día siguiente (víspera de Concepción), la fiesta empezó desde por la tarde, ese día fue monumental, tanto que siguió de largo hasta las 4.00 de la madrugada, cuando el Viejo Pacho y su nieto salieron a llevar el santo, pues tenía compromiso para el 8 de diciembre en otro pueblo.

El velorio rezado y bailable fue todo un éxito, se cumplió con la promesa, la comida alcanzó, se pagaron todos los gastos y la gente bailó, gozó y disfrutó de la fiesta. Lo más importante fue que no hubo ni una sola discusión o riña.

Por la tarde cuando todos se encontraban reunidos en el gran salón, comentando lo acontecido, festejando y sobre todo retomando energías con un delicioso guarapo de corozo helado, el viejo Pacho como en tono de descanso dijo: “Bueno, menos mal que ya salimos de ese compromiso”.

A lo que Manita respondió: -Ju-, eso fue apenas por la ida donde el médico, falta la venida.
Además, recuerda cuando el burro choa apareció, la novilla perdida que encontramos y la puerca que nos devolvieron………el……. la………