Córdoba, Nariño

Ciudad donde nace el sol

Por Julia Nury Villarreal

Conocido metafóricamente como “La ciudad donde nace el sol”, este bello territorio situado en la parte sur-occidental de Colombia, se halla custodiado de modo orográfico por el páramo de Bella Vista y los cerros Palacios, Precipicio, Cheres, San Francisco y la Cresta del Gallo, santuarios naturales que encierran los secretos mejor guardados del verdadero origen y sabiduría de nuestros ancestros.

El municipio de Córdoba tiene una extensión de 8.604 hectáreas en el Departamento de Nariño, como líneas divisorias que circunscriben uno a uno los límites que territorialmente nos separan del municipio de Puerres, Potosí, Departamento del Putumayo y la ciudad de Ipiales, por la parte Norte, sur, oriente y occidente respectivamente. Un área que alcanza los 282 kilómetros cuadrados que sutilmente se encuentra irrigada por los ríos Guáitara, Guemuez, Sucio, Afiladores, Tescual, Chiguacos y Blanco.

Saberes que por tradición oral nuestros abuelos nos han venido heredando de manera mitológica, a través de cuentos y leyendas, donde revelan el verdadero origen y poblamiento del Resguardo de Males, ahora municipio de Córdoba. Se trata de la “leyenda del Guamuez o encanto del Guamuez”, la cual relata que vivíamos radiantes y serenos en compañía de nuestra comunidad indígena, pero cierto día fuimos víctimas de la furia y dominio del brujo Chispas, el cual, sin piedad, encantó la aldea.

Éste redujo la zona a escombros y desolación, lo que nos obligó a huir de ese lugar. Los pocos sobrevivientes que quedamos, abandonamos nuestra tierra, salvando únicamente las imágenes de San Bartolomé y la Virgen Pura y Limpia, además de algunas pertenencias para sobrevivir. Menesteres entre las cuales cargábamos un gallo, que según el augurio debía cantar en el lugar donde estableceríamos el nuevo pueblo. Efectivamente al llegar a estas nuevas tierras donde cantó el gallo, fundamos el nuevo pueblo al que llamamos: Pueblo Principal de Males.

San Bartolomé ocupa dentro del pensamiento religioso del indígena maleño, el lugar más sagrado, convirtiéndose en el centro de innumerables historias míticas del Resguardo de Males. Su llegada a este territorio, produjo el asentamiento definitivo de la comunidad maleña, quien lo acogió como el único y auténtico patrono.

A partir de entonces, año, tras año, en el mes de agosto, desde el 19 hasta el 25 se llevan a cabo los actos religiosos, culturales y deportivos en honor al Santo Patrono. Se amenizan con bandas y conjuntos musicales tradicionales, se queman juegos pirotécnicos y se hacen procesiones con los danzantes y sanjuanes, danzas autóctonas de la región.

Actualmente el municipio se encuentra dividido en 5 corregimientos y 29 veredas. Fue erigido el 1 de mayo de 1911, mediante ordenanza N°39, emanada de la Asamblea Departamental de Nariño. El 18 de mayo de 1947 el Honorable Concejo institucionalizó como fecha absoluta e inamovible, para la celebración del Municipio de Córdoba.

Hoy a sus 109 años de vida municipal, la población cuenta con una idiosincrasia única que se define por la degustación de un rico helado de paila; la satisfacción de compartir un exquisito café; el hechizo del movimiento corporal y mágico de los Danzantes y los Sanjuanes; las sorprendentes y maravillosas coreografías de Danzarte y Kembala; el encanto de orquestas y bandas; la belleza del guacamayo; el colorido de los castillos agrarios y los monumentales desfiles carnavalescos.

Conocer y degustar a diario los platos típicos tradicionales más representativos de la comunidad es maravilloso y placentero, hay alimentos que se consumen normalmente en nuestra comida diaria como la chara con nabos y pellejo, las arrancadas, la poliada con quesillo y la sopa de quinua con costilla, entre otros. Mientras que los envueltos de choclo y las tortillas de callana son indispensables en el café de la mañana y después del medio día, completando la merienda al atardecer con la ingesta del morocho, la calabaza y la colada de harina de maíz tostado.

Comúnmente  la chicha y el champús son los postres que rematan los banquetes ofrecidos en toda recepción especial y que comúnmente la llamamos “boda”, en donde no puede faltar el famoso cuy, la gallina y la carne de puerco, acompañados eso si con los choclos, las papas y las habas cocinadas. Manjares que irrefutablemente son más suculentos con el ají, que puede ser de pepas de calabaza, maní o zungo, sin pasar por alto el locro de calabaza, la chara y la arniada, así como las empanadas, el mote y los dulces de maíz.

Entre las costumbres que nuestros pobladores practican, encontramos el típico juego de “chaza”; los domingos de mercado y lo más trascendental de la cultura del pueblo, es la celebración de las fiestas patronales en honor a San Bartolomé apóstol, santo protector de la calma y prosperidad del territorio. A él le ofrecemos una oración de fe, con las líneas que concluyen la última estrofa del guerrero himno, que textualmente testifican: “¡Córdoba! Con orgullo te prometo, de tu historia siempre conocer, ¡un legado para nuestros hijos en la tierra que nos vio nacer…!”.

Y con el viento a nuestro favor, una nueva historia se volverá a trazar y el eco perverso de una atrevida pandemia se logrará apagar, y será el tiempo justo para que el embrujo de la pasión por nuestro pueblo renazca en el encanto del país tricolor. Con la soberanía de una pequeña patria fascinada por el sabor del café, el ritmo seductor de los danzantes y la belleza irreemplazable de su variada cultura, sellen con la tinta exclusiva de la diversidad, su carta de presentación en cualquier parte del extenso planeta, timbrado eso sí, con la marca registrada de la inspiración musical del tolimense Rafael Godoy cuando con orgullo declama: ¡Ay que orgulloso me siento de ser un buen colombiano!.